《[Spanish] La Llave del Destino》Capítulo 24.2 - Sacudiendo convicciones
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Por mucho que los presentes quisieran marcharse de aquel lugar, Ariel no tenía intenciones de permitir que se fueran. Su mirada se mostraba aseria, abandonando los juegos que habían tenido hasta ahora y solo desprendía convicción. No se daría la vuelta ni huiría para luchar otro día, aunque tampoco les cantaría una Dulce Serenata para inutilizarles. ¿Querían marcharse? Entonces tendrían que pasar por encima de él.
—¡Finnian! ¿Tan rápido te quieres ir? —rugió el león.
Quizás aquel no fuera el lugar de su visión, y aunque hacía un tiempo que no tenía ninguna, no era la ocasión en la que mostrar debilidad. Ya fueron derrotados horas antes y allí estaba la oportunidad de darle la vuelta a la situación, o al menos enviarle un mensaje claro, por si su pequeño viaje no había dejado en evidencia sus convicciones.
Con las dunas similares al oleaje del mar, los dragones del desierto se encargaban de que los esbirros de Ariel no les molestaran, mientras que los elementales de las ruinas luchaban contra ellos, evitando que les comieran terreno. Los remolinos de arena reducían el espacio de movimiento de cualquiera, pues allí donde el gran gusano pasaba, allí dejaba su marca.
—Accedieron ayudarnos a rescataros, pero no queríamos implicarles más de lo necesario —dijo Ead.
Fue idea del frionach el recurrir a los habitantes del desierto, aunque no todos respondieron a su señal. La versión resumida era que, tras su secuestro, en cuanto pudieron incorporarse continuaron con la persecución, no queriendo perder ni un segundo más que les estaba brindando. Pronto comprendieron las intenciones de Ariel y que la fuerza de ellos cuatro, en el estado en el que se encontraban, no sería suficiente para hacer frente al Señor de la Calamidad.
—Esto es lo que tiene viajar, conoces a otros elthean y creas lazos —dijo Leith.
Los dragones, aunque distintos en aspecto y poderes, formaban parte de un clan con los que su compañera había tenido contacto. Pocos se atrevieron a plantarle cara a Ariel, aunque solo les necesitaran con su conexión con aquel lugar. Los elthean de allí conectaban con el desierto de una manera similar a los Replantadores con la tierra, una ventaja que usaron a su favor tanto para salir de las garras de Ariel.
—¿Esto es lo mejor que podéis hacer? —exclamó Ariel, golpeándose el pecho con ambas manos—. ¿Tan poca voluntad tenéis para hacerme frente?
Quería provocarle, un enfrentamiento directo. Era consciente que aquello podía escurrírsele de las manos a cualquiera, y el tiempo resultaba un factor que iba en contra de los presentes. La agilidad de este era superior a la de sus compañeros, y aunque ambos contaban con ligeras ventajas a su alcance, bastaba un error para que volvieran a verse en sus garras, o peor en realidad.
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Haciendo un amago para subirse sobre Leith, Ariel tomó la delantera y pegó un considerable salto que le mantuvo en el aire durante un instante, esquivando uno de los grandes remolinos que estaban entre ellos y reduciendo la distancia. Sus compañeros se encontraban más que dispuestos a pelear contra él, motivos no les faltaban, pero no en aquel escenario donde demasiadas variables podrían alterar la balanza.
Aer cerró el puño, desprendiendo un aura blanquecina mientras la garganta de Leith se iluminaba. Entonces, ambos evocaron su magia, el ángel expulsando una lluvia de dorada que pronto fue engullida por las llamas de la dragona. Meteoritos ardientes inundaban el campo de batalla, siendo tragados por la arena y convirtiendo aquel lugar en uno que pocos querrían visitar. Al ver que sus posibilidades de movimiento se habían reducido, emitió dos esferas negras y verdes en cada una de sus garras que lanzó contra ellos sin pensárselo. Entonces, el pelaje de Nero brilló, generando a su alrededor un aro de rocas que bloquearon los ataques de calamidad, creando humo allá donde impactaron.
—¡Necesitamos tu ayuda! —exclamó Finnian a Blanche—. Están esforzándose por los dos, podríais marcar la diferencia.
Pero ni siguiera le contestó. Agarraba a Ark como si la vida le fuera en ello, mirando todo su alrededor como si fuera capaz de expresar ninguna palabra. Finnian sacudió la cabeza, tratando de centrarse y vincularse con ellos para darles más fuerzas, aunque fallando de manera catastrófica. Mantener la evolución durante tanto tiempo le estaba consumiendo, por no hablar de otros hechizos que había lanzado. Incluso él tenía límites y era un milagro que aún continuaran luchando.
Sin embargo, Ariel no avanzó ni contraatacó. En lugar de eso soltó una carcajada al ver que sus intenciones no pudieron verse más truncadas. No había atraído al Erosionador, pero había perturbado el sueño de un desierto que no quería alteraciones.
—Podría continuar con esto. Ha sido muy divertido este… “reencuentro” —dijo Ariel, ayudándose de su micrófono para que le escucharan mejor—. Por hoy os daré la victoria, pero la próxima vez que nos encontremos será la última.
—¿Es que piensas irte de vacaciones? ¿Tan cansado te hemos dejado? —se burló Aer, sonriendo con seguridad.
—En tus sueños, bicho con alas. Pero hay otros enemigos que parecen estar haciendo de las suyas —dijo Ariel—. Además, he conseguido tiempo suficiente para que los míos se marcharan. ¡Todos ganamos! Por ahora.
¿Había sido una distracción? ¿En serio? Se quitó hasta el sombrero para despedirse, dándole un toque de dramatismo a aquel secuestro tan singular. Tras un gran salto, evitó los remolinos de arena una vez más y se marchó de allí, dejándoles con una sensación agridulce con todo aquello mientras su tráiler le seguía. ¿Por qué tenía la impresión que algo se le escapaba cada vez que Ariel estaba cerca? ¿Tan evidentes fueron sus intenciones que el Erosionador no quiso aparecer por culpa del león? Entonces, sacándole de sus pensamientos, Nero le dio un toque con el hocico, para después acercarse más a él.
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—Sube. Das la sensación de que no tardarás mucho que caer rendido —dijo Nero.
—Gracias, yo también me alegro de verte —dijo Finnian, sin ganas de replicarle y haciendo lo que le indicaba, usándole de soporte.
—Hay un oasis no muy lejos de donde nos encontramos —dijo Rune.
Algo así sonaba demasiado genial, en especial porque el amanecer no tardaría en suceder y con él, la temperatura aumentaría hasta niveles que no tardarían en averiguar. Sin embargo, tan perdido como durante sus primeros días, incluso una travesía de aquel tipo se le asemejaba demasiado grande. O quizás era su cansancio el que estuviera hablando.
—No muy lejos según vuestro tamaño actual, ¿no? —dijo Finnian.
—¿Puedes mantener la evolución un rato más? —dijo Aer, ensanchando su sonrisa, confirmando lo que ya temía. Sus amigos estaban preocupados, tan agotados como él, pero con una convicción férrea de llevarles a un lugar seguro.
—Eso creo —asintió Finnian, consciente que no tenía más opciones—. ¿No deberíamos de darles las gracias?
Menos al gusano, pues el elthean pareció seguir a Calamidad. Tampoco de los elementales, quienes volvieron a internarse en las ruinas. Solo permanecían allí los dragones del desierto, criaturas majestuosas pero diferentes a Leith. De mayor tamaño y con alas acordes a este, sus escamas se camuflaban con la arena. No eran criaturas de los cielos, no salvo que fuera necesario. Pero en la tierra y allí, en el Desierto Ikeleia, su fortaleza era una que no debía de ser cuestionada. ¡Una lástima que no pudieran estar más tiempo con ellos!
—No hace falta —dijo Leith, sacudiendo la cabeza—. Han cumplido con su cometido.
Hacer aquel rescate express posible, incluso en circunstancias tan inciertas como aquellas. Antes de que se dieran cuenta, aquella pareja siguió su camino, fuera el que fuera, alejándose de las ruinas y de su pequeño grupo. Tras ello, al final se dividieron para dirigirse hacia su nueva ubicación. Blanche volaría sobre Leith y acompañada de Aer, quienes observarían desde arriba ante cualquier posible sorpresa, mientras que Nero, Rune (ahora que había retrocedido de nivel) irían por el suelo. La otra Signo apenas asintió, todavía demasiado aturdida por lo que acababa de suceder como para quejarse
—Suena como un plan —dijo Finnian, incapaz de ocultar su sonrisa. Ahora que su magia estaba bajo menos presión sentía que podía respirar, aunque aún era demasiado pronto como para disfrutar de una salida así.
—¿Creías que nos presentaríamos contra Calamidad con las manos vacías? —dijo Ead volando de manera intermitente sin apartarse de él, tan emocionado como los demás—. No es que tuviéramos demasiado tiempo para prepararnos, pero dadas las circunstancias, creo que no ha salido tan mal esta intervención.
—¿Intervención? —dijo Nero, sacudiendo la cabeza—. Hemos perseguido al Señor de la Calamidad en plena noche, hemos fastidiado su trampa y rescatado a los Signos sin acabar muriendo.
—Visto así, es un milagro que todo saliera bien —replicó Aer, rodando la mirada.
—¿Dónde está el positivismo que tanto te caracteriza? —dijo Rune, mirando a su amigo.
—Se ha ido a dormir. Quizás cuando estemos más descansados salga a la luz —dijo el ángel, encogiéndose de hombros.
Porque no era el único que había estado en modo supervivencia, pero de momento su crisis se había terminado. Suponía, por otro lado, que el reencuentro tendría que esperar, ¿verdad? Sin embargo, había una nota que no terminaba de encajarle. ¿Por qué tomaron la decisión de ir separados?
—Hay algo de lo que quiero hablarte. Pero solo entre nosotros —dijo Rune, conectando con su mente, puede que contestando a lo que su rostro estaba pensando.
—¿Ha sucedido algo mientras estábamos separados? —dijo Finnian.
—No visteis lo que sucedió en cuando Ariel se marchó —dijo Nero, tan serio como los demás, lo que no debía de significar nada bueno.
Aunque había más, detalles que sus compañeros preferían compartirlo con calma con él. Porque incluso con la tensión y el cansancio, el trabajo de un Signo y de sus compañeros rara vez estaba en espera. Podían dormir, podrían necesitar un cúmulo de cosas, pero mientras hubiera peligros que alteraran en equilibrio natural de ese mundo, ninguno de ellos podría relajarse por completo. Esas eran sus vacaciones de verano, una que no olvidaría jamás.
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