《[Spanish] La Llave del Destino》Capítulo 7.2 - Vigila tu espalda
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Correr no era lo suyo y ni siquiera era un gran secreto. Tampoco es que fuera el último en cada carrera, pero era sencillo que la mayoría se superaran. En Elthea no era distinto, aunque sí existía una gran diferencia. Estaban sus compañeros. Tras aquel cambio tan radical en lo que sería una cena tranquila, el primer paso fue que Rune evolucionara. Salir por sus medios actuales no era una solución cuando aquella presencia les acosaba a tanta velocidad, y aunque así llamarían más atención de lo que pretendían, sus alternativas eran más bien escasas.
Tras unos minutos volando sobre su lomo, teniendo a Leith a poca distancia haciendo lo mismo, no tardaron en ver cómo aquel elthean había avanzado mucho más de lo esperado. Una vorágine de energía oscura que desprendía electricidad morada les perseguía, lanzando hoces de energía hacia el cielo allá donde se encontraban. Y aunque no había pasado mucho desde su encuentro en Alta Espada, no eran los mismos que cuando abandonaron el castillo.
—¿Estás seguro de que llegando al río podremos librarnos de él? —masculló Rune mientras esquivaba en el aire, haciendo que aquella travesía fuera mucho más movida de lo que les hubiera gustado.
Y aunque Aer se mostraba seguro, más aún desde que montó sobre Leith para adelantarse, el miedo aumentaba tanto como para oprimirles la garganta. Con el río Esendil cada vez más cerca, su amigo buscaba el paso común, aquel por el que todos iban incluso aunque hubiera un poco de agua. Pero antes de alcanzarles, Rune esquivó varias hoces de energía una vez más, aunque esta vez no cesaron su presión. Ambas chocaron, combinándose en una esfera de luz púrpura que iluminaba el atardecer, dándole un aspecto malévolo y menos acogedor de lo que antes habían pensado. Entonces, una lluvia de agujas se extendió por el cielo, ampliando su radio de alcance más allá de donde se encontraban volando.
—¡Prepárate! —exclamó Rune.
Con un grito de guerra, de pronto el águila dejó de moverse por el aire para girar en círculos. Su plumaje comenzó a desprenderse, siendo suspendido por el viento que les rodeaba, creando algo más que una barrera protectora. Las agujas impactaron sobre estas, interceptándolas y evitando que les atravesaran en pleno vuelo. Los cuernos de Rune desprendieron luz negra, guiando lo que hasta ahora había sido un escudo para convertirse en un torbellino, aprovechando el poder de ambos elthean en su favor. Removiendo cielo y tierra, la combinación dejaba de ser letal, si no una mera distracción hacia su auténtico enemigo. Entonces regresaron con sus amigos, aterrizando y siendo salpicados por el agua.
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—Eso no le detendrá —señaló Leith, lista para actuar si llegaba la ocasión.
—Nuestra mejor oportunidad no es enfrentarnos al Erosionador, no de forma directa —dijo Finnian.
Una docena de alasdair fueron derrotados, y eso sin contar con aquellos elthean que habrían sufrido un destino similar. La única diferencia es que ahora se centraba en ellos, lo que hacía su viaje bastante más complicado, pero menos elthean sufrirían en el proceso. Solo tendrían que preocuparse porque salieran hacia adelante. Aer se había colocado un par de pasos por delante, agachado sobre el agua. Sus ojos verdes desprendían un resplandor azulado, aunque no era capaz de entender lo que susurraba, pues el caos, mezclado con el ruido de su encuentro y la humedad del río era casi todo lo que sus sentidos captaban.
Tras un golpe en seco, el torbellino de plumas y agujas cesó, dejando ver a la misma criatura que les atacó en el castillo, aunque no como la recordaban. A pesar de que a aquellas horas deberían verle con mayor claridad, algo les impedía identificar su aspecto al completo. Era delgado, puede que de la misma altura que Finnian, pero su piel o pelaje alternaba entre tonos rojizos, marrones y púrpuras, iguales que los de la magia que acababa de contrarrestar.
—Nadie saldría ileso de algo así —murmuró Leith, incrédula ante un contrincante así.
—Salid del agua, ¡deprisa! —exclamó Ead.
Quedarse allí en medio no solucionaría nada, aunque el Erosionador apenas se inmutó. Les observaba a todos y a cada uno de ellos, casi como si les analizara, igual que sucedió en Alta Espada.
—Sí te atreves, ven a por él —dijo Aer.
Su voz, clara y férrea como su postura erguida, ni siquiera él era capaz de mantener la compostura frente a alguien que podría despedazarlos con un gesto. Pero ahí estaba, su pequeño compañero desprendiendo valor y esperanza. Aquel desafío hizo reaccionar al otro elthean, quien no dudó en dirigirse hacia ellos. Entró en el cauce del río, haciendo que la energía que le rodeaba electrificara la zona, aunque no era el único usando sus poderes.
El pelaje azul de Aer brillaba, pero de una manera distinta a la evolución que ya habían visto en tres ocasiones. No podía entender sus susurros, y a pesar de ello algo en él le llamaba, pidiéndole ayuda para su hazaña. Entonces hizo lo único que se le ocurrió: agacharse y tocar la fría agua con sus dedos, igual que Aer segundos antes, sintiendo la llamada del líquido elemento.
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“La magia está en todos lados. En el aire, la tierra, las plantas. Forma parte de nuestra vida. Solo necesitas escucharla”. Esas fueron las palabras de sus compañeros mientras intentaban despertar la suya, y aunque aún no comprendía el cómo sucedía, tuvo claro que no estaban solos.
El caudal del río pronto cambió, aumentando de una forma asombrosa. El agua acudía hacia su posición a raudales, como si alguien hubiera estado impidiendo que siguiera su camino. Aer, dando un salto, retrocedió a su posición mientras el Erosionador trataba de alcanzarles, aunque el agua ganó en fiereza. Por un instante quiso combatirlo con su fuerza, por un segundo temieron que todo aquello hubiera sido en vano. Entonces, del río nacieron caballos, osos, dragones, criaturas de aquel elemento que arrastraban al elthean sin ninguna piedad.
La energía oscura que antes les erizó el vello desapareció, y pronto comprendió que algo más que el río les había protegido, apartando a su enemigo con fría brutalidad.
—¿Qué ha sido eso? —dijo Finnian.
—Hay fuerzas en este mundo que rivalizan contra el mal —dijo Aer, ensanchando su sonrisa.
—¿Cómo sabías que nos ayudarían?
—Confiaste en mí, igual que lo hicieron ellos.
Las palabras de Aer, aunque crípticas, no se alejaban mucho de la realidad. Existían elthean que controlaban el agua, poseyendo una fuerte afinidad con aquel elemento. Tenían muchos nombres, la mayoría de los cuales él no supo pronunciar. Pero eran fuertes, tanto como para acudir en la ayuda de aquellos que la solicitaran, igual que en este caso.
—La noticia de tu llegada implican cambios —Rune les recordó, revirtiendo de nivel y soltando un suspiro de alivio.
—Muchos querrán ayudarte como mejor puedan —asintió Leith.
—No des nada por sentado, pero valora lo que otros aporten —añadió Ead.
—Ha sido lo más mágico que he notado hasta ahora —dijo Finnian, pronunciando una ligera sonrisa—. Es… extraño.
—Quizás deberías de dejar de forzar tu magia, al menos hasta que lleguemos al Galya —dijo Aer—. Esa criatura te estaba buscando, y seguirá haciéndolo.
—Mientras más sigilosos seamos, mejor —asintió Rune.
Que les ayudara a evolucionar se trataba de algo distinto. Era una capacidad que muchos elthean poseían, que él como Signo también les ayudaba a desarrollar y que no podía ser rastreada del mismo modo. En cambio, cualquier otro acto mágico que viniera por su parte sería como un rugido que todos, aliados y enemigos, podrían escuchar. No estaban en posición de continuar buscando pelea a cada paso que dieran, por muy bien que les estuvieran saliendo las cosas. Tarde o temprano, su suerte se acabaría y alguien tendría que pagarlo.
—Acampemos aquí. Mantenernos cerca del agua nos protegerá del Erosionador… Más o menos —dijo Aer—. No abusaremos de su ayuda, tranquilo.
—Preferiría no tener a alguien así como contrincante, sea quien sea —admitió Finnian.
Aunque no tuviera la opción de elegir, ¿no? Tampoco es que pudiera ir por la vida mirando a todos como posibles amenazas, pues así solo encontraría inconvenientes. Pero, tal y como le dijo el Sensible, no podía dar nada por entado y sí debía valorar lo que otros hicieran en su ayuda. Estaba en su mundo, al fin y al cabo, y los elthean también querrían luchar por él, ¿no?
—Has estado increíble, Aer —dijo Finnian, después de unos minutos en los que se aseguró que la calma no era una mentira.
—Evitaste un mal enfrentamiento —dijo Leith—. Y todo sin evolucionar.
—Bueno, espero lograrlo algún día —admitió Aer con timidez, apartando la mirada.
—Incluso sin cambiar has hecho lo que otros no han podido —dijo Finnian, estrechándole una de sus patas—. Sé que lo conseguirás, pero nadie debe subestimarte.
Dos días. Les conocía de dos días, les podía considerar como sus amigos, incluso cuando aún hubiera mucho de ellos que ignoraba. Pero lo averiguaría, igual que todo lo demás. Tenía tiempo de sobra, o eso quería pensar. Al fin y al cabo, no podía derrotar al villano sin un poco de entrenamiento, ¿no?
—A todo esto… ¿Alguien podría encender una hoguera, por favor? —dijo Aer, soltando un estornudo.
—Lo único que nos falta, un buen resfriado —resopló Rune—. Lo bien que nos habría venido ir a Valifall y dormir en una cama cómoda.
—Como si en nuestra tienda de campaña se estuviera tan mal —dijo Finnian.
—Cierto, pero algo caliente nos hubiéramos llevado al estómago —dijo Rune.
—Quizás podamos improvisar —dijo Leith, mirando al Signo en esta ocasión.
Una infusión con unas plantas de la zona que les ayudara a relajarse. Porque aquella noche, si en algo coincidían los presentes, es cuánto necesitaban descansar sin sentir que debían vigilar su espalda a cada rato. Y al menos allí, cerca del río, sus preocupaciones se marcharían por el agua hasta que les encontraran en un nuevo lugar. Porque no se podía huir de los problemas, no por siempre, pues en su caso terminaban alcanzándolos.
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