《[Spanish] La Llave del Destino》Capítulo 27.2 - Un nuevo camino frente a ellos
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No había ningún desierto cerca. La luz del día les ofreció una nueva visión de su entorno, pues Kali les llevó a una mezcla de lugar rocoso con naturaleza. Se le asemejaba a los territorios de los alrededores del Galya o del Mar de Hierba, el mismo que caminaron junto a la manada hasta llegar a Alder. Su mapa, en el que trazaron diversas rutas, no le servía de gran ayuda mientras continuaran en medio de ninguna parte.
—Necesitamos algún punto de referencia —murmuró Rune.
—Y no una montaña. A saber si estaríamos viendo un sitio conocido o no —dijo Leith, rodando la mirada.
Durmieron como mejor pudieron, permaneciendo los unos cerca de los otros y así conservar el calor. Tanto Nero como Leith fueron vitales en ello, permaneciendo cerca de sus sacos de dormir. Incluso Blanche, a pesar de su pelea, supo que separarse no haría nada más que perjudicarles sí llegaban a ser atacados. El desayuno fue copioso, buscando reponer fuerzas sin tener que ponerse a cocinar ni perder más tiempo. El silencio resultaba demasiado incómodo como para mantenerlo, aunque lo mismo en el caso inverso.
—Ya que ninguno quiere dar el primer paso, me tomaré la libertad de hacerlo —dijo Aer, logrando captar la atención de los presentes—. Lo que sucedió anoche no puede repetirse.
—Tuvimos suerte —asintió Rune.
—Y dudamos que volvamos a ser tan afortunados —dijo Leith.
No solo se estaban refiriendo a su pelea contra el bandido, sino al teletransporte y su discusión.
—Podéis no ser amigos, nadie os lo reprocharía —dijo Nero, tan calmado como siempre—. Sin embargo, debéis aprender a trabajar juntos.
—Lo veo lógico. Por eso quiero saber hacia donde os dirigís —dijo Blanche.
Calmada, podría decir que incluso profesional, la Signo había cambiado su actitud de la noche a la mañana. Quizás el sueño lo necesitaron ambos casi tanto como el comer, pero tal y como les dijo Ead, el nuevo día les permitiría ver la situación con otra perspectiva.
—¿Por qué? —dijo Finnian, ladeando la cabeza.
—Tengo derecho a saber hacia donde vamos, ¿no? —replicó Blanche—. A ti no te gusta ir a ciegas, y a mí tampoco.
—Pero es una información que no compartiremos con nadie más que no forme parte de este grupo —intervino Rune.
Se refería a Kali, aunque ninguno de los presentes necesitara nombrarla para saberlo. El hada distaba demasiado de ser parte de su unidad cuando iba y venía como le complacía. Por mucho que fuera una compañera frionach, Ead y ella tenían tan poco en común que resultaba extraño compararlos. Blanche negó con la cabeza, tan consciente como ellos que saldría en la conversación algo así.
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—Pero forma parte del mío, aunque si necesitáis escucharlo, no lo compartirá con nadie más.
—Me parece bien —dijo Finnian, encogiéndose de hombros.
—¿Tenemos un trato, entonces? —dijo Blanche.
—No vayas tan rápida. No eres la única que necesita algo para que podamos confiar en ti —dijo Finnian.
—Genial. ¿Qué quieres?
Se cruzó de brazos, tal y como esperaron. Si bien dejó claro que Kali era su acompañante, alguien en quien confiaba, pero que le importaba poco si compartían ese sentimiento. Sin embargo, había un detalle con el que no podría negociar sí pretendía continuar con ellos.
—Queremos conocer más a Ark, que participe más sí es necesario, y tú tambien —dijo Aer.
—Es tu compañero, al fin y al cabo. Qué menos que se comunique más con nosotros —dijo Leith.
—Sí tenemos que combatir codo con codo, necesitamos poder confiar en que él nos cubrirá las espaldas —dijo Rune.
Blanche miró a su compañero, ninguno añadió nada durante unos segundos, usando el vínculo que compartían para comunicarse sin que ellos les escucharan. Aquel era un límite que no pensaban cruzar, pero la confianza debía de ganarse y si llegaron a ese punto, mejor no dejarse nada en el tintero de lo que pudieran arrepentirse. Además, sus compañeros elthean también tenían voz y voto en todo aquello. Por mucho que ambos fueran Signos, ellos no eran meras herramientas sin sentimientos que solo les servía para su misión.
Entonces, Ark avanzó unos pocos pasos, acercándose al resto de elthean, para después añadir en con una ligera voz aguda, aunque seria:
—No esperéis que me una a vuestro circo, pero hablaré sí lo creo necesario.
Lo que le hizo soltar un suspiro. Incluso cuando accedían a sus términos, siempre encontraban una manera de ser insolentes. Hasta los elthean quisieron contestarle, pero solo habría agravado una situación donde la tensión se veía como si se tratara de fuegos artificiales.
—Nos dirigimos hacia la Orquídea Plateada.
—Pero eso está muy al este… ¿Qué se os ha perdido allí? —dijo Blanche, acercándose para observar el mapa con detenimiento.
—Solo querías saber hacia dónde íbamos, no los motivos —dijo Finnian, alzando una ceja.
Ya que ella era tan puntillosa, no la dejaría aprovecharse tampoco de su buena voluntad.
—De todos modos, estamos seguros de que debemos ir allí —respondió Finnian, antes de que ella pudiera replicar—. Tuve una visión sobre ese lugar y por lo que sabemos, algo sucedió allí que lo conecta con todo esto.
—Por eso las visiones no me entusiasman, nunca son tan claras como deberían. Menos mal que he tenido las justas —resopló Blanche.
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—¿En serio? ¿Cuántas has tenido?
—Solo una, cuando aparecí aquí.
Una respuesta sencilla que desvelaba más de lo que parecía. Ni siquiera Finnian llevaba la cuenta de las que había tenido, en especial porque algo así resultaba ten impreciso como ella manifestó.
—Quizás su diferencia tenga que ver con lo abiertos que sois cada uno —señaló Ead.
—El subconsciente puede afectar las capacidades de uno, tanto mágicas como no —dijo Nero.
Los lobos, por ejemplo, recibían poder de manera individual pero también por la manada. Mientras más numerosa fuera esta, más fuerza conseguiría, aunque liderar a un conjunto así resultaba una tarea complicada. Que Braunah lo lograra decía mucho de la fortaleza que poseía aquella loba, aunque Nero era una excepción a la regla. Pudo ser parte de ella, pero al abandonarla no perdió una pizca del poder que ya poseía, en parte por el entrenamiento recibido, pero también por la conexión que poseían.
De todos modos, aquello no podía ser más secundario. Que ignoraran dónde se encontraba tampoco ayudaba, aunque ahora sus opciones no estaban tan limitadas. La luz de la mañana les ofrecía alternativas, como que Nero avanzara por la tierra mientras Leith hacía lo mismo por el aire. Sin embargo, antes de que se movieran, se encontraron con lo que menos hubieran esperado: ¡viajeros!
Se trataban de un grupo reducido aunque voluminoso. Contaban con un carromato tirado por dos grandes aves de plumas doradas, mientras que el resto de elthean no podían ser más variados. De diversas alturas, y aspectos, una de las presentes se acercó a ellos con prudencia, esbozando una ligera sonrisa cuando Finnian les saludó con la mano. Con un pelo lleno de todo tipo de accesorios, el rostro en un principio humano demostró un par de ojos naranjas tan poco comunes que para él que no tardaron en sonreírle. Idelya se llamaba, y esa era su caravana de mercaderes.
—Podéis estar tranquilos —dijo Idelya, hablando al resto de sus acompañantes—, dudo mucho que estos Signos o sus compañeros vayan a dañarnos.
—¿Tan fácil ha sido reconocernos? —dijo Aer.
—Vuestro grupo es tan variado que solo unos humanos como ellos podrían reunirlo —replicó Idelya, ensanchando su sonrisa.
—Sí no es mucho pedir, ¿nos podrías indicar dónde nos encontramos? —intervino Rune.
Preguntas así no se escuchaban todos los días, y aunque explicarles que un hechizo les había llevado más lejos de lo esperado, pronto no tardaron en ubicarse. Al norte, bastante apartados del Ikeleia, estaban el Camino de las Flores Glaciares que les llevaría hasta Kiyeira, la ciudad antes de llegar a la región de Issey.
—Eso nos aleja mucho de nuestro rumbo —admitió Nero.
—Tanto avanzamos hacia el este y ahora es como si hubiéramos retrocedido —dijo Leith.
Aunque ya no podían hacerle mucho. Se habían alejado, no volverían a intentar usar un teletransporte tan arriesgado y caminar sería la única alternativa que les quedaba. Además, por mucho que quisiera avanzar más rápido, sus encuentros con Blanche y los lobos les habían retrasado bastante.
Sin embargo, Idelya les sugirió que les acompañaran hasta Kiyeira. La ciudad no estaba lejos, y desde allí podrían encontrar una ruta alternativa para continuar con su aventura.
—Por mucho que nos guste vivir viajando, hoy en día es cada vez más peligroso —admitió la elthean.
Nadie la replicó, pues no tenía idea de dónde habían salido y tampoco estaban seguros del lugar en el que se metían. Una cosa era el Galya, pero ir de lleno a una gran ciudad, con todo lo bueno y lo malo, era algo que ni contemplaron. Por desgracia, sus alternativas no eran muchas y a la falta de una mejor, decidieron acceder.
—¡Maravilloso! Quizás podamos intercambiar historias. Una nunca tiene la oportunidad de conocer a unos Signos —dijo Idelya, inclinando con rapidez la cabeza.
—Nos encantaría hacer más ameno este viaje, por corto que sea —dijo Finnian, imitándola el gesto.
—Pero os recomendamos que no compartáis de momento que hemos viajado juntos —intervino Ead.
—Podría poneros en peligro, y eso es algo que no nos perdonaríamos —dijo Aer.
—Lo entendemos —dijo Idelya, comprendiendo la gravedad de la situación en la que estaban—, y aceptamos los riesgos. Todo sea por conoceros aunque sea un poco.
En lugar de centrarse en lo negativo, había algo que podría beneficiarles de aquella experiencia. Un grupo de mercaderes tendrían información que les sería de utilidad, y conocer dónde estaban sucediendo los problemas les resultaría tan vital para avanzar como para no verse entre la espada y la pared otra vez. Y es que, por oportuno que hubiera sido aquel encuentro, no estaba de más ser cuidadoso. Ariel les demostró que nunca se sabía dónde podía aparecer un problema, por lo que les tocaba prepararse para la tormenta que ya tenían sobre ellos.
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