《[Spanish] La Llave del Destino》Capítulo 27.1 - Tan claro como el agua
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Finnian no ponía en duda que, en cuanto lograra relajarse, podría dormir casi como cualquier otro día, pero no sería así hasta que aclararan un par de cosas imposibles de posponer. Blanche se había cruzado de brazos, mirándole con dureza mientras que Ark permanecía estático en el suelo frente a ella. El color de su pelaje había vuelto a su rosa inicial, aunque aún desprendía resplandores rojizos, resquicios del poder que le robó a la armadura-elthean. Sus compañeros no habían retrocedido de nivel, conscientes que no estaban libres de peligro.
—¿Así es como van a ser las cosas? ¿Tú dando las órdenes y yo teniendo que obedecer sin poder rechistar? —dijo Blanche.
—¿Cuándo no te has quejado por cualquier cosa? —replicó Finnian—. Apenas llevamos un par de días juntos y siempre hay algo que criticar. Nunca estás contenta ni de acuerdo con lo que digamos el resto.
—¿Me has pedido la opinión? —dijo Blanche, alzando la voz y apretando los puños.
—Por Titanus, esto es como hablar con una pared —exclamó Finnian, soltando un resoplido—. ¿Cómo vamos a poner todas las cartas sobre la mesa si alguien se niega a hablar con nosotros?
El problema no era solo Kali, sino uno de ellos. Que el hada se comunicara con Blanche y nadie más hacía más complicada una buena vía de comunicación. Quizás hubiera estado con su grupo durante un corto periodo de tiempo, pero la otra Signo cambiaba su actitud en cuanto estaba cerca, fuera por el motivo que fuera. Si Ead no tenía reparos en hablar a quien se encontrara a su alrededor, ¿qué inconveniente había para que continuara con dicha actitud?
—¡Es tímida! —exclamó Blanche, acercándose más a él.
—Venga ya. No lo fue en cuanto me quitó energía sin mi consentimiento —dijo Finnian, igualando su tono de voz y encarándose contra ella.
—¿De eso va tu enfado? ¿Ha herido tu orgullo que una hada consiguiera lo que otros no han logrado?
Finnian nunca se había metido en una pelea donde los puños intervinieran. Bastaba con apartar la mirada y centrarse en lo suyo para que el resto del mundo dejara de hacerle caso. Existían raras ocasiones donde discutía así con alguien, pero fue escuchar aquellas dos preguntas y tener unas ganas tremendas de pegarla una bofetada, sobre todo para quitarle esa sonrisa de prepotencia que tanto le caracterizaba. En lugar de ello soltó una carcajada, consciente que le sacaría de sus casillas.
—¿Es que no tienes límites? ¿No comprendes lo grave que es forzar a hacer algo sin que accedan? —dijo Finnian.
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—Nos ha salvado, creo que el fin justifica los medios —se defendió Blanche.
—Eres más estúpida de lo que me había imaginado.
Entonces fue él quien recibió una bofetada.
—¿En serio? —bufó Finnian, consciente que sus compañeros observaban con detenimiento aquella discusión, tan en tensión como él—. ¿De qué vas, Blanche?
—¿Te esperabas que no me defendiera contra el “gran y poderoso Finnian”?
—Guau, ahí está la clave, ¿no?
Un respingo en la mirada de Blanche desveló que no iba tan mal desencaminado. Con un hormigueo que le recorría la zona donde recibió el golpe, Finnian se mordió el labio, pronunciando una sonrisa. Estaba agotado, más necesitado que nunca dormir sin ninguna interrupción, pero por algún motivo se encontraba despierto y demasiado alerta.
—¿Tanto te molesta que los papeles estén invertidos? —dijo Finnian, alzando ambas cejas— Yo siendo la tormenta, estando siempre bajo los focos de atención, y tú siendo una mera secundaria.
—¿Eso es lo que crees? —dijo Blanche, manteniendo el semblante serio.
—No lo niegas, así que supongo que he dado en el clavo.
—Eres insoportable.
—Vaya, ahora empiezan los insultos —dijo Finnian, poniendo los ojos en blanco.
—Tú fuiste quien inició esto, aunque no tengas la exclusividad en todo lo que nos suceda —replicó ella.
¿No iban a llegar a estar de acuerdo? ¿Quién tuvo la brillante idea de convertirles a ambos en Signos, cuando su relación no podía ser de iguales, daba igual cuánto se esforzara?
—¿Qué es lo que quieres, Blanche? —dijo Finnian, perdiendo la paciencia ante una discusión que no tenía fin.
—¿Para empezar? Que dejes de ser un recordatorio constante de lo “especial” que eres. A tu lado nadie me mira, ni siquiera el maldito Señor de la Calamidad —dijo Blanche.
—Y a mí me encantaría tener una cama mullida donde nadie me moleste, pero por desgracia, no siempre vamos a conseguir lo que queremos —respondió Finnian con sarcasmo.
—Chicos, ya está bien de tanto discutir… —comenzó a decir Ead.
—¿Se supone que debemos formar equipo? —dijo Blanche.
—Pero no como en la Tierra. Ya sabes, donde yo hacía el trabajo y tú te atribuías los méritos. ¿O es que eso es lo que pretendías? ¿Dejarnos la parte difícil a nosotros y luego ponerte las medallitas?
Una vez más, Blanche intentó abofetearle mientras apretaba la mandíbula. Sin embargo, al contrario que en la ocasión anterior, la agarró del brazo, deteniéndola en seco.
—Tienes que pegarme para poder callarme. La primera no la he visto venir, pero inténtalo una vez más y me conocerás de verdad —dijo Finnian, hablando con lentitud para que le entendiera sin problemas.
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—Ya es suficiente.
Esta vez no intervino el colibrí, sino Aer. La seriedad tanto de su voz como su mirada le hizo sentirse como si le estuvieran castigando. Sin embargo, estaban en medio de la nada, discutiendo a pleno pulmón para que cualquiera pudiera oírles. Quizás hubieran esquivado un problema, pero estaban pidiendo a gritos que otros fueran hasta ellos.
—¿Nos va a decir dónde hemos acabado? —dijo Leith, señalando a el hada, quien se ocultaba tras su compañera.
—No está segura —Blanche titubeó.
El teletransporte resultaba complicado no solo por el esfuerzo que requería o la magia necesaria para llevarlo a cabo. Kali estaba acostumbrada, pero no podía compararse el moverse a ella misma que a todos ellos. El tamaño de quienes transportaba influía, y aunque suponía que la distancia fue suficiente para sacarles del Ikeleia, no era el momento como para continuar moviéndose en plena noche.
—Acamparemos aquí. Descansaremos unas horas y mañana buscaremos algún poblado o ciudad para ubicarnos —dijo Finnian, mirando a los demás, para después centrarse en ella—. Si te parece bien, claro.
—Tampoco es que tengamos otro sitio al que irnos —dijo Blanche.
Sin embargo, no montarían la tienda, ni una hoguera. Bastante ruido habían causado como para alertar a los que vivieran cerca. Con la luz del día lo verían todo con otros ojos. Tras un instante de búsqueda, pronto repararon en una pequeña pendiente donde podrían refugiarse, o al menos no encontrarse a la vista de cualquiera con visión nocturna. En cuanto los elthean revirtieron su evolución, un suspiro de alivio llenó sus oídos, aunque provenía de la otra Signo.
—No me pongas esa cara. ¿Crees que me es fácil estar cerca de ti? —dijo Blanche, y al ver que no contestaba, chasqueó la lengua—. ¿Por qué crees que Kali prefiere solo hablar conmigo?
—¿De verdad quieres que te responda a eso? —dijo Finnian.
Tenía un par de respuestas preparadas, aunque ninguna de ellas la complacerían.
—Está asustada de ti. Quizás puedas ocultar o contener toda esa energía que llevas dentro, pero basta con verte luchar para no saber qué va a suceder —dijo Blanche.
—Soy bastante abierto, eres tú la que ha puesto las cosas difíciles desde que nos encontramos —dijo Finnian.
—Ya, sigues respondiendo lo mismo, pero no lo cuentas todo —dijo Blanche—. Tú tienes tus secretos y yo los míos. Sí ella no quiere hablarte, no pienso obligarla.
—Me parece justo.
Quizás aquella discusión hubiera terminado, pero había demostrado la falta de confianza que existía entre ambos. Se debía por algo más que por los problemas de su mundo natal, si no por sus diferencias actuales.
—No puedes cambiar lo que otros opinen, solo la manera que tengas tú de reaccionar —le recordó Aer.
Estaba lejos de ser un reproche, si no un consejo en el que el resto coincidieron. En el Galya el enseñaron que muchos tratarían de usarle, pero allí delante tenía una nueva perspectiva que no consideró hasta ahora, o no del todo. Cómo su poder afectaba a otros incluso cuando no lo pretendiera, en especial si no sabían asimilar tales diferencias.
—Los actos hablan en ti. Puede que algunos te teman, siempre habrá alguien así, pero no todos te verán así —dijo Rune.
—¿En tu mundo no hay personas así? —dijo Leith.
Existía gente poderosa, gente de a pie que solo quería vivir sus vidas. Hasta ahora, Finnian había sido esa última, pero tampoco se consideraba como alguien que fuera a cambiar el mundo porque él tuviera otros planes. Tenía una misión ancestral, un propósito, y pretendía ceñirse a ello. Aunque allí habría elthean que solo querrían vivir sus vidas, a pesar de todos los problemas que estuvieran sucediendo.
—Entonces quédate tranquilo. Eres cuidadoso y te esfuerzas, céntrate en eso y en lo que hay delante —dijo Nero.
—Además, creo tener una idea de cómo averiguar donde estamos —dijo Ead—, aunque deberemos de esperar a mañana.
—Ahora voy a estar dándole vueltas sobre qué idea se te habrá ocurrido. ¿No has pensado que así tampoco se puede dormir? —dijo Aer.
—¿Ni un adelanto? ¿Uno pequeñito? —le pidió Finnian.
—La paciencia es una virtud, amigos míos. Además, un poco de sol y de descanso hará que veáis todo de otra manera —dijo Ead.
Finnian quiso comentar algo más, pero en cuanto se refería a Blanche no sabía muy bien qué añadir. ¿Cómo podía confiar en alguien que no le veía como su igual, por el mero hecho de sentirse ella inferior? Ese era un problema que la propia Signo tendría que solucionar por su cuenta, aunque algo podría hacer Finnian para mejorar su relación, ¿no? Pero, tal y como dijo el frionach, no había nada que pudieran solucionar por el momento y unas horas de descanso les harían maravillas. Sí es que podían dormir sin ser sorprendidos por alguien otra vez, lo que se había convertido en una peligrosa costumbre.
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