《[Spanish] La Llave del Destino》Capítulo 26.1 - Batalla contra el bandido del desierto
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Aquel elthean era grande para poder ocultar una buena porción de la parte superior de la cúpula, pero no lo suficiente para cubrirla por completo. De manera instantánea, unos pequeños cúmulos de luz nacieron de su mano, dispersándose por el oasis para iluminar a la criatura que tenía intenciones de fastidiarles la noche, aunque no durara mucho aquel hechizo. Lo que si distinguieron es que se trataba de una gran armadura de brazos extensibles, cuyos bordes dorados brillaban con fuerza a aquellas alturas de la noche, haciendo que el blanco de su alrededor fuera incluso secundario. Su cabeza, cubierta al completo por un casco de los mismos colores que el resto del cuerpo, solo dejaba ver el símbolo de una serpiente, con un par de ojos rojos que les observaban sin perder tiempo.
Sin embargo, por muy aterrador y espeluznante que fuera aquel monstruo, hubo un detalle que no se les escapó. Tenía dos brazos y piernas que debían de ser extensibles, pues era lo que le permitía estar a tal altura. Una visión maravillosa para irse a dormir, ¿verdad?
—Comentabais que ningún mal puede entrar, ¿verdad? —dijo Blanche, sin despegar la mirada de aquel elthean—. ¿Por qué siempre sucede lo contrario cada vez que abrís la boca?
—No sé, igual es que nos traes mala suerte —masculló Finnian, logrando que la otra Signo le mirara.
Aquello tendría consecuencias, ¿y qué más daba? Tanto buscar enemigo al final los atraía allá donde iban. Su nuevo contrincante no podía atravesar la barrera, eso era un hecho irrefutable. No obstante, eso no le impidió golpearla con su propia cabeza. Incluso cuando su alrededor no diera síntomas de resentirse ante aquellos impactos, su corazón iba al ritmo de los golpes mientras esa cosa intentaba abrirse camino hacia ellos. ¿Quién era el misterioso elthean y por qué les atacaba allí? ¿Es que no tenía sentido común?
—La barrera debería de aguantar, ¿no? —dijo Finnian, mirando con rapidez a sus amigos.
—Nadie que sepamos ha logrado quebrantar las protecciones de un santuario, aunque… —comenzó a decir Ead.
¿Lo averiguarían? Estaban en un mundo donde las normas de antes no servían, o era la impresión que los últimos días le habían dado. Y aunque Ariel ni siquiera intentó atacarles en el otro santuario, dudaba que aquel elthean tuviera el poder necesario para hacerlo.
—Incluso sin conseguirlo ya es una amenaza —dijo Rune.
—Cualquiera podría detectar que hay problemas por aquí —dijo Leith.
—¿Os imagináis quién estaría deseoso por averiguar dónde nos encontramos? —añadió Nero.
Dos nombres se le cruzaron por la cabeza, aunque dudaba que fueran los únicos interesados en su paradero. Les gustara o no, permanecer escondidos era la peor solución que podrían tomar en aquellas circunstancias. ¡Lo que habría dado por una buena noche de sueño sin interrupciones! ¿Es que estaba pidiendo demasiado?
—Mejor no averiguarlo —asintió Aer.
—Ahora es tu momento. ¿Te unirás a nosotros?
Finnian le tendió la mano a Blanche, un gesto que esperara a que ella respondiera del mismo modo. Su mirada bailó entre ambos, para después abrir la boca sin que saliera ni un sonido.
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—Se acabaron las excusas, se acabaron los miedos —dijo Finnian, plantándose frente a ella—. No estoy aquí para ser tu guardaespaldas. Más te vale empezar a comportarte como una Signo, porque dudo que alguien quiera protegerte.
Su paciencia se había colmado en diferentes aspectos, y aunque nunca era agradable decir o escuchar palabras así, no podía continuar esforzándose para que ella estuviera cruzada de brazos. Sin perder más tiempo por su respuesta, el brillo que nacía con la evolución de sus compañeros iluminó la noche.
—¿Cómo peleamos contra alguien tan… enorme? —inquirió Ead, sin despegarse de él.
—Desequilibrándole —dijo Nero.
Una idea cruzó su mente, una que se desarrolló en cuestión de segundos. Estaba usando su cabeza para atacar, dejando el resto de extremidades como único soporte para tal robusto cuerpo. Además, la arena no debía de ser tan sólida para una hazaña así. Entonces, Aer sugirió un movimiento mágico, haciéndole entender con rapidez lo que pretendía.
—Solo sígueme y haz lo que haga, ¿vale? —dijo Aer, alzando un pulgar mientras le guiñaba el ojo con seguridad.
Tampoco es que pudiera negarse, ¿verdad? Acercándose al manantial, ángel y humano trazaron un círculo con sus brazos mientras corrían para luego alzarlos, controlando el agua para convertirla en una corriente controlada que iba directa hacia una de las extremidades del bandido. Era un ejercicio avanzado de lo que le había enseñado Lunaluz, y aunque a él le faltaba habilidad para algo así, su compañero fue el que llevó la carga de aquel acto mágico. La velocidad del agua aumentó, momento en el que Rune y Leith alzaron el vuelo. Su ataque acuático fue congelado, golpeando una de las extremidades en cuanto salió de la barrera, justo cuando sus compañeras hicieron lo mismo con otras dos. El cambio en aquel elthean fue instantáneo, haciendo que desapareciera de su vista y notando cómo el terreno se estremecía al estamparse contra este.
—Nosotros nos encargamos. Defiende el fuerte —le dijo a Blanche, aunque ambos sabían que el santuario se protegía sin la ayuda de nadie.
Saltando sobre el lomo de Nero, salió de allí con Ead volando a su lado, dejando atrás a la Signo y a la relativa protección del oasis. Ya en el exterior, la pelea tenía lugar a no mucha distancia, pero sí allí donde la arena se convertía en un auténtico problema. El lobo tenía ciertas dificultades para aprovechar toda su velocidad, aunque había algo que podían hacer.
—¿Hablas en serio? —dijo Nero.
—Nunca bromeo con estas cosas —replicó Finnian.
—¿Crees que funcionará?
Y aunque se mostró perplejo, ni siquiera Nero podía ocultar la emoción por probar algo nuevo. Usando su propia fuerza como impulso, solidificó parte de la arena bajo sus patas, permitiendo que se deslizara por el desierto como si de unos patines se tratasen, dejando una estela tras ellos con bastante revuelo. No era una manera habitual o cómoda de moverse por allí, pero le dio la oportunidad de avanzar con mayor seguridad mientras iban en contra del Bandido.
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Como causa del impacto, el elthean había sacado dos brazos extra del interior de su armadura, haciendo más amenazante y extraño su aspecto. ¡Hasta portaba dos cimitarras! Aquella criatura de tamaño colosal no necesitaba moverse con rapidez ni tampoco la arena le dificultaba hacerlo. Si no utilizaba sus brazos interiores para golpear a sus compañeros, los empleaba para hundirlos en el desierto, extenderlos y llegar donde sus sables no podían.
Dos de sus brazos serpentearon hacia Rune, pero Aer se interpuso con un escudo dorado, bloqueando ambos golpes que le hicieron retroceder. Leith impactó de lleno al bandido con su aliento ígneo, pero las llamas se extinguieron tan rápido que ni le hizo ningún rasguño.
—Es fuerte. ¿Estará al nivel Maestro? —masculló Finnian, observando todo desde la distancia.
—¿Importa? ¿Qué te dice tu instinto? —repuso Nero.
—Que da tanto miedo como otros de su posición.
—El mío que no muestra todo su poder. Da igual lo que veas o sientas, no dejes que eso te intimide —dijo Nero.
—Tiene una debilidad. ¡Piensa, Finnian! —le urgió Ead.
¿Sabrían ellos la respuesta? ¿Se la habían dicho ya? Conectó con los demás, tratando de encontrarla mientras veía por sus ojos, buscando esos pequeños detalles que podían significarlo todo en una pelea así. Los bloqueos de Aer eran precisos, pero jugaba a la defensiva casi tanto como a Leith, atacando poco y esquivando mucho. Rune, en cambio, buscaba una apertura que usar en su beneficio, pero los movimientos tan erráticos del Bandido la hacían titubear. ¿Tenían tanto miedo como él?
Buscó sus corazones, trató de llegar a ellos más allá que ver por sus ojos o la telepatía que compartían. Entonces una voz grave y calmada susurró:
—Temen que te ocurra algo. Cuando te capturaron dijeron que era la segunda vez que sentían tu miedo y no querían que se repitiera —pensó Nero.
Pero no hasta el punto de quedarse paralizados y no dar todo lo que podían. Las cimitarras lanzaban tajos furiosos, creando círculos veloces que reflejaron la llamarada de Leith. Sin embargo, tanta ferocidad le hizo ver algo muy claro. ¡Apenas se movía de donde se encontraba!
—Hay que desestabilizarle otra vez —dijo Finnian—. Si no tiene un terreno firme en el que sostenerse, no podrá atacarnos.
—¿Cómo? —pensó Aer, aunque su voz llegó a la cabeza de Finnian tan alto como si le tuviera al lado.
—Haciendo algo que no pueda esquivar y con una buena distracción.
Con su confianza renovada, Nero se lanzó a toda velocidad para unirse a la batalla, pero manteniendo una distancia prudencial. Que fuera el único incapaz de volar no le ponía en desventaja, pues podía hacer algo que el resto de sus compañeros no serían capaces. Corriendo a su alrededor, empezó a moldear la arena para hacer algo similar que el gusano en su momento. ¡Crear un remolino!
Puede que no fuera similar la fuerza que poseía Nero, pero no estaba solo para una tarea así y aunque Finnian solo se concentró en mantenerse agarrado y cederle su energía, pronto sintió cómo su nuevo compañero se fundía con la tierra, moviéndose tan rápido que ni siquiera el bandido les prestaba atención. El movimiento continuó generó un oleaje, haciendo que el terreno allí donde se había posicionado dejara de ser tan firme y sus ataques comenzaran a fallar. Centrarse tanto en Aer, Rune y Leith fue un error, sí es que aquel elthean pensaba como todos los demás.
Aleteando con fuerza, Rune se había colocado por encima del bandido, dejando escapar plumas que brillaban con tonos rubíes en la noche. Alguna de ellas eran afiladas y buscaban rozar su armadura, aunque la mayoría terminaban desapareciendo en cuanto las espadas de su enemigo bailaban. Ese fue el instante que decidieron aprovechar.
Tanto Aer como Leith lanzaron sus ataques, un haz dorado fundido con una llamarada, impactando en el torso. Se mantuvieron firmes, usando más fuerza de la que habían empleado en peleas anteriores, exprimiendo todo aquello que Finnian podía ofrecerles mientras Nero y él continuaban corriendo. Con las piernas hundidas, aunque no del todo, por la arena, Rune generó unos aros de energía que atraparon al bandido, impidiendo que su cuerpo y extremidades se movieran y apresándole, justo cuando el ángel y la dragona interrumpieron su ataque, dejando una marca visible en el cuerpo del elthean.
Observando al Bandido del Desierto rodar por el suelo, retrocedieron una considerable distancia, pero no la suficiente para que dejaran de verle. Una fugaz visión cruzó por su cabeza que en esta ocasión también experimentaron los demás.
—No habrá nadie que nos frene estando los cinco juntos. Y aunque la distancia nos separe… —titubeó Finnian— Nuestro vínculo no va a romperse. Ariel no lo logró, ni ninguno lo hará. Estoy con vosotros al cien por cien.
Fuera por el aire, el agua o la tierra, estaría junto a sus compañeros viviendo aventuras. Estaba descubriendo y creciendo más allí que en su propio mundo, y todo era gracias a ellos. Sin embargo, su victoria fue efímera. El bandido se liberó de los aros de luz, desprendiendo una mayor brutalidad que la inicial que habían visto. Con su armadura dañada y sus armas en el suelo, donde antes hubo dorado se alzó el rojo, emanando el poder que ocultaba en su interior.
—Estamos juntos en esto, no importa lo que pretenda ese elthean —dijo Aer.
—¿Por qué siempre nos encontramos a los malhumorados? —se quejó Rune.
—Es que tenemos una diana en la espalda. ¿No os habíais enterado? —dijo Leith.
—Sea lo que sea, ¡aquí viene! —dijo Nero, preparándose para atacar.
Incluso con su protección fragmentada, el Bandido se impulsó hacia ellos con ganas más. ¡Y se lo darían!
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