《[Spanish] La Llave del Destino》Capítulo 22.2 - El cazador se convierte en presa
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Cualquier interés que hubiera podido despertar el gran molino tendría que esperar para otra ocasión. Si bien consideraron que los habitantes de Arden estaban en su interior, ignoraban si era por propia voluntad o no, aunque igual tomaron aquella iniciativa para evitar convertirse en daños de una pelea que ya estaba sucediendo. El mismo elthean que acababan de liberar echó a correr en cuando entregó el mensaje, obligándoles a salir de allí para reencontrarse con Leith y Nero.
—Alguien se acerca —les informó el lobo.
Dando un golpe en el suelo, sus sentidos captaron algo más que la vibración. Nero poseía una fuerte conexión con la tierra y al hacer aquello podía percibir objetos, edificios y otros aspectos de su entorno. Por desgracia, una capacidad así tenía limitaciones, como el rango de acción o que estuvieran sobre una superficie firme. Incluso ayudándole Finnian a que no tuviera que invertir tanta energía, el jaleo provocado por la batalla impedía distinguir con exactitud los elthean de su entorno.
—Al menos he podido encontrar el método más rápido para salir de aquí —dijo el lobo—, pero no será suficiente.
Incluso con un mapa mental de lo que era Arden con sus calles y edificios, cambiaba a tal velocidad que podrían verse atrapados en cualquier momento. Su compañera voladora tenía la certeza que, desde el cielo, averiguarían aquello que les faltaba, aunque se convertirían en un blanco fácil.
—Rune, sé nuestros ojos —le pidió Finnian—, y ten cuidado con los proyectiles.
—¡A la orden! —dijo ella, asintiendo con convicción.
Cambiando de forma y de nivel casi al instante, Rune se alzó sobre el cielo al mismo tiempo que Aer y Leith evolucionaron. Ángel y lobo le protegían mientras que la dragona se unió en el aire a su amiga, evaluando el terreno. Sintiendo cómo su energía bombeaba como si se tratara de sangre a través de sus compañeros, lograron precisar lo que estaba sucediendo. Y es que, si bien Braunah había cumplido su palabra, un elthean mayor que los lobos iba justo hacia su posición. Un triceratops de escamas verdes moteadas se interpuso en su camino, destrozando las casas que encontraba a su paso. Le sobraba la fuerza para eso y para sostenerse solo con sus patas traseras. Sin embargo, lo más inquietante no era solo su tamaño, sino aquellos ojos amarillos que desprendían energía púrpura. ¡Menuda ricura!
—No es el único que viene de camino —pensó Rune.
—¿Qué vamos a hacer, Finnian? —dijo Aer.
—¿Para salir de aquí? Pelear.
Lo que no iba a ser fácil, y no era por el elthean que fue a buscarlos para ser exactos (aunque tenía mucho que ver). Sobre los cuernos de este apareció uno nuevo que reconocieron al instante. Siendo iluminado por unos orbes que flotaban, una niebla rodeó a Ariel mientras hacía acto de presencia. Podía ser la segunda ocasión en la que veían al Señor de la Calamidad, pero la primera donde otros colaboraban con él. Su mirada, llena de ferocidad, brillaba de la misma manera que su acompañante.
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—Ese elthean es distinto, algo le ha hecho para cambiarlo —dijo Leith.
—No es el único —dijo Nero.
La manada estaba teniendo problemas por lo que Ariel les había preparado. Sus elthean, aunque menos numerosos, habían sido fortalecidos por mantener el dominio en aquella zona. Debido a que era él, y no ninguno otro, quien tenía el control sobre Alder, la fuerza que ahora desprendían sus esbirros resultaba implacable. Braunah y sus lobos conseguían pelear de forma equiparable, pero no contaban con la misma ventaja y eso les estaba perjudicando. Por eso querían que Finnian les fortaleciera, aunque su magia no funcionara así.
—¿Estás seguro de que podréis con mi mascota? —dijo Ariel, dándole un par de toques en el cuerno al triceratops.
—Que le hayas prestado un poco de tu poder no supone nada —dijo Finnian.
—Puede que nos superéis en nivel, pero os sorprenderéis de lo que somos capaces de hacer —dijo Aer, apuntándoles con una lanza.
—¡Al fin habéis aprendido a reconocer vuestra desventaja! —exclamó Ariel, aplaudiéndoles con ganas mientras se reía.
Antes de que continuara aquel espectáculo, Leith y Rune coordinaron sus ataques, lanzando una llamarada comprimida por dos aros de energía. Impactaron en el dinosaurio, creando una explosión controlada que le aturdió para que no interviniera. Y, en cuanto Ariel fue a esquivarlo, la lanza de Aer se vio envuelta en un haz dorado, dándole de lleno y mandándole lejos.
—Tenemos que seguir moviéndonos —dijo Aer.
—Hay que avisar a la manada, ¡y a Blanche! —exclamó Finnian.
—No creo que sea necesario a estas alturas —dijo Nero.
Podía imaginarse el reproche de Braunah, las palabras de la gran loba ante una derrota tan “humillante” como aquella, aunque para él estuviera alejada de algo así. Lo intentaron y fallaron, era más de lo que muchos hacían, ¿no? Y a pesar de que escaparse de allí no era tan sencillo como imaginaron, pues nuevos elthean surgían de los callejones, casas y tejados, antes de que pudiera recuperar el aliento, estaban atravesando el puente y saliendo de Alder.
—¿Estáis todos enteros? —dijo Finnian.
—De momento —dijo Leith.
Debido a que la situación terminó necesitándolo, habían acordado reunirse en una de las cordilleras más altas y alejadas, con el fin de poder detectar a cualquiera que pretendiera perseguirlos. La manada pudo tener antes la desventaja y aunque los elthean de Ariel eran menos numerosos, pero más fuertes, distaban mucho de ser rápidos. Otros dinosaurios y animales les comían terreno, hasta que Leith lanzó una llamarada que impactó en el suelo, creando un muro que algunos no se atrevieron a atravesar. No obstante, justo donde debía estar esperando el resto de su grupo se lo encontraron vacío. O casi.
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Focos de luz surgieron de la nada, iluminándoles de lleno para que apareciera una vez más a Calamidad. Montado sobre su mascota-triceratops, su tráiler surgió justo detrás de este, abriéndose y mostrando a un par de elthean sujetando a una Blanche bien atada.
—Sabía que os habíais fortalecido, pero me habéis sorprendido —dijo Ariel con su habitual sonrisa feroz mientras bajaba al suelo—. Os estáis convirtiendo en la esperanza de Elthea.
—¿Un cumplido? ¿Ahora? —bufó Aer con incredulidad.
—El único que tendréis. Me ha sido muy fácil capturar a esta renacuaja. ¿De verdad pensabas que otra Signo os ayudaría a derrotarme? Porque mirándolo desde mi perspectiva —dijo Ariel, ensanchando una sonrisa perversa y negando con el índice— ni siquiera su compañero es capaz de luchar en ese estado.
—Te habríamos avisado, pero no sabíamos que estabas aquí —comentó Finnian, agarrándose con fuerza a Nero—. Lo de la niebla ha sido genial. ¿Y los orbes para iluminarte? Una idea brillante.
Y aunque sonreír en un momento como aquel, por no hablar de bromear, no era su intención, no se le ocurría otra manera con la que ganar tiempo. Algo debían de idea para poder liberarla, aunque nada que asegurara su seguridad.
—¿Te ha gustado? ¡Al menos alguien que sabe apreciar las buenas ideas! Los otros se quejan de que ponga tanto empeño en cómo aparezco, pero cada detalle importa. Por eso quiero que vengas conmigo.
—¡Que te crees tú eso! —exclamó Leith, interponiéndose entre Calamidad y él, siendo flanqueada por Aer y Rune.
—Ahora, Signo. No me hagas repetirlo —dijo Ariel, agitando la mano para que fuera con él—. Que no paguen por tus errores.
—Intenta cogerle, si te atreves —rugió Nero.
Fue primero contra Rune, moviéndose en un parpadeo y lanzando un puñetazo que el águila no pudo esquivar, logrando que acabara en el suelo. Leith apareció detrás con la intención de agarrarle, aprovechándose de la diferencia de su tamaño e intentar inmovilizarle, todo para que Aer le atacara una vez más. Sin embargo, ni la dragona logró ponerle una garra encima, ni la lanza del ángel le hizo un rasguño. Usando sus manos, les detuvo en seco sin apenas esforzarse.
—Puede que los rumores sobre ti sean ciertos —sonrió Ariel, soltando una fuerte carcajada, golpeando a sus compañeros tan rápido como un pestañeo—. Eres toda una sorpresa, un verdadero reto —aplaudió varias veces, incluso silbándoles de lo emocionado que estaba—. Por favor, esforzaos. No he encontrado aún al Erosionador y me muero de ganas por una buena pelea.
—Entonces eso es lo que conseguirás —gritó Rune, aleteando con fuerza al incorporarse.
—¿Crees que podrás derrotarnos a todos? —añadió Braunah, apareciendo allí también.
—Solo me interesan ellos, tu manada y tú podéis haceros a un lado —dijo Ariel.
—¡Lo llevas claro! —gritó Braunah—. ¡Al ataque!
Finnian ignoraba el número, pero los lobos surgieron a su alrededor de una manera similar a su encuentro con los fantasmas gominola. Los ataques fueron rápidos, aprovechando la sorpresa para cercarle y evitar que continuara con aquel espectáculo. Sin embargo, ni siquiera se alteró por ellos, esquivándoles como si de una danza se tratara. Negó con la cabeza, movió un dedo y, sin que su sonrisa desapareciera, añadió:
—No me dejáis otra opción.
Y con la misma calma con la que les había hablado, apareció un micrófono y comenzó a cantar. De los altavoces del tráiler nació el sonido de una guitarra eléctrica estridente y tan potente que cualquiera lo habría escuchado a kilómetros de distancia. Todos se asustaron e incluso él percibió que aquella melodía era algo más que música. Los lobos se estremecieron, algunos aguantando aquel poder mientras que otros eran incapaces de moverse.
—¡Finnian! —exclamó Nero, tambaleándose y haciendo que acabara en el suelo como los demás.
—Es la música. La utiliza para quitarnos nuestro poder y fortalecerse él —le susurro Ead—. ¡Tienes que hacer algo!
Agarró su Marca por instinto, pidiéndola que brillara igual que cuando los elthean evolucionaban. Si Ariel les estaba quitando sus fuerzas, él se las devolvería. Aer alzó el vuelo con sus brazaletes emitiendo un leve resplandor, concentrando energía dorada en la palma de sus manos. Tras un instante la expulsó contra el Señor de la Calamidad, rozándole en el torso al esquivarlo en el último momento.
—Eso no volverá a funcionar conmigo —dijo Ariel con una sonrisa macabra—. Tenéis potencial, pero no puedo permitiros que vayáis a más. Ahora disfrutar de mí… ¡Dulce Serenata! —dijo Ariel.
Entonces, antes de que Leith o Rune pudieran reaccionar, la parálisis llegó hasta él, y al no poder moverse supo que el Señor de la Calamidad le tenía, en el sentido más literal, bajo sus garras.
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