《[Spanish] La Llave del Destino》Capítulo 19.1 - La nueva Signo
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Su nuevo día no fue lluvioso. Tampoco nublado ni con ráfagas de viento que cortaran el aliento. Igual que vieron aquella perturbación en el horizonte, bastó con que avanzaran y saliera el sol para que esa presencia desapareciera, aunque no al completo. Tras abandonar las montañas que marcaban el territorio del Galya, apenas estuvieron una hora de caminata para verse en lo que debió de ser un campo de batalla, pero vacío en aquel instante.
Tierra removida, el suelo chamuscado con un par de fuegos aún por extinguirse era lo que veían, dejando que su nariz se viera inundada por aquel aroma, aunque también a algo más. Sus oídos apenas captaban movimiento, lo que debía de ser lo normal en un lugar como aquel, pero aun así le trasmitían información. Poca, no lo habitual cuando uno se encontraba en el exterior, sino como si hubieran entrado en una burbuja abierta que afectaba una mínima parte de sus sentidos.
—¿Por qué pasa eso? —dijo Finnian, aturdido por aquel zumbido que interfería con sus sentidos.
—Es por la energía utilizada al luchar. Al emplear tanta es posible dejar residuos —explicó Ead.
Y aquella esencia que quedaba allí hasta que se desvanecía era lo que les desconcentraba. Sin embargo, una presencia continuaba cerca, solo que no podían verlo con exactitud.
—¿De verdad que has sentido a alguien? —repitió Rune por tercera vez—. Porque por mucho que andamos, no encontramos nada.
—No es algo que pueda hacer yo solo. Qué raro que seas la única en quejarte —dijo Finnian, poniendo los ojos en blanco.
—Quizás intente ocultarse si está herido. Nadie buscaría justo donde acaba de luchar —añadió Aer, torciendo una sonrisa.
En un principio llegó a pensar que percibir magia sería sencillo en Elthea, pero pronto comprendió lo equivocado que estaba. Igual que en su mundo existían todo tipo de detalles allá por donde pasara, resultaba una tarea hercúlea estar pendiente de cada aspecto que sucedía a su alrededor. Con la magia ocurría de una forma similar, y aunque aún estaba empezando a conocer sus capacidades, localizar con exactitud a un elthean que pretendiera ocultarse era tan complicado como buscar una aguja en un pajar.
Ead resplandeció durante un segundo, Finnian alzó la mano y chasqueó los dedos, iniciando un rápido escaneo mágico en conjunto. Lo repitieron en dos ocasiones más, conscientes que los residuos de aquella área eran demasiado recientes como para encontrar el rastro de alguien herido con facilidad. No obstante, después de insistir en su búsqueda, un manto de tierra vibró frente a ellos, para que segundos después se rompiera la ilusión, desvelándoles algo que no esperaron.
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—Ella no huele a elthean —murmuró Leith.
—Tampoco se mueve como uno —añadió Aer, ladeando la cabeza.
No sería necesario que la chuparan para asegurarse de lo que todos estaban pensando. Se trataba de una humana, pero no como Lelile sino mucho más parecida a Finnian. Tumbada en el suelo y con un brazo por encima de quien debía de ser su compañero, una especie de peluche rosa que se veía tan malherido como ella. Esta se movió, frotándose los ojos para después mirarlos con asombro y retrocediendo, todo sin separarse de su elthean.
—Eres… ¿Eres un humano también? —dijo ella con un hilillo de voz mientras se incorporaba.
Era más alta que Finnian, aunque se veía sucia y herida, como si hubiera pasado por un infierno. De cabello castaño por encima de los hombros y piel clara, se quitó la tierra de unos pantalones cortos verde oscuros junto a una camiseta blanca y una chaqueta a juego que llevaba bien abrochada. No obstante, hubo algo más que la gema que colgaba de su cuello lo que sorprendió a Finnian.
—¿Blanche? —murmuró Finnian, comprobando que no estaba alucinando. ¡Sabía quién era! — ¿Tú también eres una Signo?
—¿Finnian? ¿De verdad eres tú? —respondió ella.
Y para sorpresa del chico, el abrazo que recibió fue tan espontáneo que cerró los ojos, sorprendido por aquel reencuentro. ¿Cuántas probabilidades existían para que alguien que conocía hubiera acabado en Elthea también?
—Tranquila, Kali. Es un amigo —dijo Blanche al separarse, pero no estaba hablando a su compañero.
Alguien había salido de su colgante y revoloteó junto a ella, aunque en cualquier momento habría pensado que habría sido Ead. En realidad se trataba de una hada tan diminuta como el colibrí, pero con unas alas de mariposa negras, moradas y verdes. Bastó con que volara a su alrededor para que desprendiera polvos brillantes que se esfumaron en cuestión de segundos.
—Ella es Kali, por si os lo estabais preguntando —dijo Blanche mientras el hada volaba con gracia a su alrededor—. Y este pequeñín es Ark,
—Ead —dijo Finnian, señalando al colibrí— y ellas son Aer, Rune y Leith.
¿Otra Signo? ¿Alguien que conocía de la Tierra? Puede que fuera una mera coincidencia, pero si estaban a la vez debían de compartir la misma misión. De todos modos, ¿por qué no llegaron a Elthea a la vez y más cerca? Ninguno lo sabía, pero ver una cara amiga los había animado a ambos.
—¿Quién se habría imaginado que nos encontráramos aquí? —dijo Finnian.
Él no, desde luego. Compartían colegio y clase, aunque Blanche fuera un año mayor que él. Eran más compañeros que amigos, sobre todo porque ella tenía a su grupito inseparable y Finnian solía ir a lo suyo. Las pocas veces que coincidían juntos era por los típicos trabajos en grupo que él detestaba. Puede que no fueran íntimos, pero un nuevo aliado siempre era bien recibido.
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Tras apartarse un poco, sacó de su mochila algo con el que curar sus heridas. En su mayoría eran superficiales, nada profundas, o eso era lo que sus ojos le indicaban. Blanche había llegado a Elthea hacía poco más de dos semanas, aunque al sur de Hawell, por lo que tardaron bastante en alcanzar el Galya tras averiguar que otro Signo fue visto por esa zona.
—Los rumores vuelan —dijo Blanche.
—En el sentido literal —admitió Finnian, y aunque ella frunció las cejas sin comprenderle, no era el mejor momento para salirse del tema—. ¿Qué te ha pasado para terminar así?
Podría decirle que estaba a salvo, eso era lo fácil, aunque su instinto le gritaba que no fuera de ese modo. ¿Por qué centrarse en lo negativo cuando algo bueno había pasado con su encuentro? Debió de ser una experiencia horrible para que tardara en abrirse a él. Ni siquiera su compañero de pelaje rosado y ojos amarillos hablaba, permaneciendo junto a ella y Kali hasta que por fin empezó a compartir más detalles.
El hada era como Ead, una Sensible que encontró a Blanche cuando esta apareció en Elthea, aunque de un clan distinto al de su compañero colibrí. Existían diferentes tribus o clanes a lo largo y ancho del mundo, por lo que sus aspectos y capacidades eran igual de variados. Habían estado juntas desde entonces, avanzando y teniendo suerte de conocer a algunos aliados que las ayudaron en el proceso, todo para acercarse más a ellos. Al fin y al cabo, la fuerza de dos Signos haría que su misión fuera menos complicada. Sin embargo, mientras avanzaban en su busca, el Erosionador dio con ellas no hacía mucho.
—Era demasiado poderoso. Nos derrotó sin que pudiéramos hacerle ni un rasguño y se marchó de aquí antes de que acabara con nosotras —explicó Blanche.—. Kali ha estado cuidándonos desde entonces, rogando para que Calamidad o ningún otro elthean viniera por aquí mientras nos recuperábamos para que continuáramos nuestro camino.
—No estamos muy lejos del Galya. Resulta extraño que apareciera sin que nadie se diera cuenta —dijo Aer.
—Apareció en un instante, como si pudiera desaparecer —dijo Blanche.
—Eso explicaría por qué es tan complicado capturarle —dijo Ead.
—¿Y os dejó sin más el Erosionador tras pegaros una paliza? —señaló Rune.
—¿Por qué? —añadió Leith, sacudiendo la cabeza.
—Eso mismo iba a preguntar. Gracias, Leith —dijo Ead.
—Por él —dijo Blanche.
Que sintieran su poder o el de sus compañeras era una cosa, pero que el Erosionador huyera se les hacía extraño. Al fin y al cabo, había tenido la osadía de llegar a los límites del Galya y tratar de terminar con Theri y los otros desde que abandonaron Alta Espada. Aunque era cierto que preferían evitarle por el momento, pues aquellos que estaban en su camino terminaban en muy mal estado, eso no quería decir que fueran los siguientes. Quizás es que empezaba a cambiar de estrategia al ver cómo se fortalecían.
—Dudo que le asustáramos en la distancia —dijo Finnian alzando ambas cejas.
—Pienso lo mismo, aunque ya no eres tan debilucho como antes —dijo Rune mientras le miraba.
—Las estabas ocultando, ¿me equivoco? —interrumpió Ead, dirigiéndose hacia el hada—. Nos ha sido complicado encontraros, pero al menos ahora no debéis de preocuparos.
—No estés tan seguro de eso. Mirad —dijo Aer, señalando hacia arriba.
La mañana despejada se vio cubierta de nubes grises, tiñendo el cielo con su oscuridad una vez más. El aire del ambiente se volvió más cargado, similar a lo que percibieron al entrar en el campo de batalla minutos antes. El zumbido de antes volvió a inundar sus oídos, logrando que apretara la mandíbula por el cambio que había sucedido en apenas un instante. ¡E incluso la tierra se vio afectada! Perdiendo el esplendor, casi como si le arrebatara la energía, o más bien trataran de reclamarla. Alguien quería adquirir el Dominio de esa zona, y de una manera bastante más macabra de la que vieron en el Ellery.
—Esto es malo. Esto es muy, muy malo —murmuró Ead sin apartarse de él.
—No estamos solos, recuérdalo —dijo Rune.
—No os separéis —dijo Leith, mientras ella y el resto de elthean se colocaban a su alrededor, dispuestos a protegerles.
—Sea lo que sea, vamos a recordarle quienes somos —añadió Aer, tan serio y concentrado como las demás.
Juntos, como equipo, uno que aumentaba por momentos, aunque aquel encuentro tan fortuito le hizo ver que les había reunido en un mismo lugar por un motivo: para acabar con los dos Signos y evitar que cumplieran su misión.
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