《[Spanish] La Llave del Destino》Capítulo 16.2 - Una mirada al futuro
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En teoría, había logrado lo que Ailfryd y Lelile querían que consiguiera: la capacidad de ocultarse a él y a sus compañeros una vez estuvieran fuera de allí. Mantener el Rezo a la Estrella no le resultó complicado ni agotador, lo que denotaba un cambio frente a cualquier otra cosa que había hecho hasta ahora. Al fin y al cabo, fuera o no mágica la acción que realizara, implicaba invertir fuerzas.
—Empleas poder mágico —le aseguró el Guardián—, pero al encontrarse intrínseco a tu ser, requiere un esfuerzo distinto.
Y aunque ellos tenían más experiencia, por no hablar de entendimiento en aquel campo, la realidad es que ese hechizo, si bien suplía su necesidad a la hora de proseguir su viaje, funcionaba de una manera similar al vínculo que compartía con sus elthean. No se trataba de algo que pudiera percibirse con facilidad, por lo que el gasto, aunque constante, se reponía por el mero hecho de descansar y comer. Sin embargo, necesitaba renovarlo cada día si quería continuar manteniendo ese efecto.
—Comentabas que lo conoces desde pequeño, ¿no? —dijo Lelile.
—Desde que tengo uso de razón —asintió Finnian.
Por ese mismo motivo, estaba tan acostumbrado a emplearlo como si se tratara de respirar, por simplificarlo de alguna manera. Y aunque era una victoria, un malestar interior no le abandonaba. ¿Por qué había descubierto ahora su magia y no antes? ¿Lo sabría alguien su familia? Dudaba que hubiera estado viviendo una mentira, pero el puzzle de su existencia se encontraba demasiado incompleto como para obtener una respuesta.
—De todos modos, hay otras cosas que te vendrán bien aprender —dijo Lelile, frotándose las manos de la emoción.
Aquello implicó más que memorizar, más palabras que recitar. Tomaba anotaciones en su cuaderno, ahora provisto de una pluma que no necesitaba ser recargada, dejando fluir una tinta entre azul y dorada mientras apuntaba con todo detalle aquello que le enseñaban.
Palabras para conjurar áreas seguras, alzar barreras y aprender a cómo luchar contra maldiciones.
—¿De verdad creéis que van a intentar lanzarnos una? —resopló Finnian, poniéndose una mano en la frente.
—Mejor tener la información y no usarla, que necesitarla y no contar con ella —replicó Lelile.
Era estricta, y lo peor de todo es que no tenía a nadie con quien comentarlo. Aer, Rune y Leith continuaban retenidos por su entrenamiento, y por la mirada que le lanzó la bruja, suponía que no sería muy diferente al suyo.
—Cada uno cuentan con una base distinta. Los conocimientos de los dragones son muy codiciados, pero pocos son capaces de ponerlos en práctica —dijo Lelile—. Ella quizás sea joven, aunque eso no la impedirá continuar mejorando. En cuanto a Aer y Rune…
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Las culturas influían en la magia, el cómo la emplearan o las formas que tomaran. En el Galya, muchos preferían guiarse con sus cuerpos y hacer movimientos con ellos para manipularla, algo que incluso en Myrd realizaban, pero existían tantas ramificaciones que siempre había algo nuevo que aprender.
—¿Y qué hay de las visiones?
—¿La adivinación? —dijo Lelile, considerando sus palabras—. Depende de a quién le preguntes.
—¿Cuál es tu opinión sobre ella?
—Es tan complicada como cualquier otra rama de la magia —replicó la bruja.
Lógico, aunque en este caso influía algo más que el talento o la inteligencia. La adivinación era un arte menos preciso, pues el futuro cambiaba de modo constante como para saber qué camino se estaba tomando. Sus visiones le mostraban eventos que sucederían, como el hecho de que se reuniera con Aer, Rune y Leith, o que eran relevantes a su misión. Las figuras del ángel, el águila y el dragón volvieron a su mente, aunque algo le faltara de aquellas imágenes que en un principio le resultaron inconexas.
—Son los puntos de inflexión. Eventos que deben suceder, no importa lo que uno intente evitarlos —dijo Lelile.
—¿Y el pasado?
—Es un océano en el que uno puede perderse si no es cuidadoso.
Una metáfora demasiado acertada. Por muchos conocimientos que se pudieran extraer de este, cualquiera podría ahogarse por la necesidad de saber más, ignorando que aún tenían un presente y un futuro en el que vivir.
—Pero la llave viene del pasado, del mío y de los Signos, para ser precisos —dijo Finnian—. ¿No necesitaría saber más?
En aquel asunto, sin embargo, la bruja y el Guardián coincidían. Tenía que centrarse en prepararse todo lo que pudiera, en especial ahora que el reloj estaba avanzando a mayor velocidad. Irónico, pues su día se pasó en un suspiro, a tal ritmo que ni siquiera se enteró de ello hasta que estaba oscureciendo. Cuando sus compañeros regresaron, los tres se encontraban tan exhaustos como él, detalle que percibió a la legua en cuanto se limitaron a sentarse a su lado.
—Vuestro día no ha sido tan sencillo como el mío, ¿verdad? —dijo Finnian.
—Demasiado largo para nuestro propio bien —resopló Aer.
—Lunaluz ha hecho de su misión el endurecernos todo lo que pueda —añadió Rune.
—Necesitamos algo para desestresarnos —sugirió Leith.
—¿Os apetece una escapadita? —dijo Finnian, ensanchando su sonrisa.
Arreglaron una cena rápida que se llevaron con ellos, moviéndose hacia la zona intermedia, aunque tan lejos de la población que no molestarían. El lago del Galya, por regla general, eran usado para la pesca, pero nadie tenía prohibido bañarse, ¿no?
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—Vaya, me imagino que hemos pensado la misma idea, ¿no?
La voz grave tan característica de Theri salió tras ellos, encontrándose con Kay, Fee y el pequeño grupo de alasdair que continuaban con ellos. Los sanadores hicieron su trabajo y aunque habían mandado una flecha mensajera a su reino, por el momento permanecerían allí en el Galya hasta que tuvieran nuevas instrucciones.
—Creo que todos necesitamos desahogarnos un poco, ¿verdad? —dijo Aer, lanzándose el primero al agua.
Pronto, ninguno de los presentes estaba seco, con la excepción de Ead, por supuesto. El colibrí había optado permanecer junto a Ailfryd, trazando planes y preparándose todo lo que pudiera. Y aunque aquello les vendría genial, su ausencia también aligeraba la tensión de sus hombros.
—¿No te vas a bañar? —dijo Theri, quien se había sentado junto a él en el borde del lago, permitiendo que sus pies también se mojaran.
—Es curioso. Esto era lo último que me apetecía hacer en mi mundo —admitió Finnian.
Vacaciones en la playa, llenarse de arena y rezar por no encontrarse con ninguna medusa, por no hablar de todo lo que su padre tuviera planeado para hacer más deportivos aquellos días de descanso.
—Hay que valorar las cosas buenas —asintió Theri, quien se veía extraño sin su gran casco—. Disfruta del momento, nunca se sabe lo que puede ocurrir.
Por eso mismo, tras quitarse sus prendas para evitar que se empararan, quedándose con su ropa interior, se lanzó junto a los demás. El frío contacto del agua, incluso a esas horas, resultaba más que reconfortante. Le ofrecía una claridad y una calma que aquel día no había tenido, aliviando el constante dolor de cabeza que no le abandonó en ningún momento. Y entonces, cuando se limitó a flotar, permitiendo que se relajara, un flash cruzó su mirada, logrando zarandearle.
La visión de una ciudad apareció en su mente, aunque una con canales, rodeada de agua y naturaleza, cubierta con flores allá donde Finnian podía mirar. La figura de alguien con aspecto humano estaba en frente de él, portando algo en sus manos que no era capaz de precisar. El agua a su alrededor se elevó, formando un aro que le protegía. Una esfera de aire fue creada, levantando hojas, pétalos y arena allá donde esa persona se encontraba, señalándole a él. Algo se acercaba, pero en cuanto intentaba enfocar, una gran sombra comenzaba a cubrir aquel lugar, impidiéndole ver de qué se trataba. Entonces alguien le agarró del brazo.
—Estamos aquí —dijo Aer, calmado como ella misma agua que les rodeaba.
—¿Has tenido una visión? —dijo Rune.
—¿Qué has visto? —dijo Leith.
—No… estoy seguro —balbuceó Finnian—. ¿Por qué siempre pasan cuando menos me lo espero?
Dudaba que hubiera una manera de controlarlo, pues ignoraba qué o quien se las enviaba, pero tanta sorpresa empezaba a cansarle. ¿Es que no podía tener ni un rato de paz, ni siquiera para relajarse en el agua? Y aunque ignoraba cuál era el sitio de su visión, esperaba averiguarlo. Sin embargo, una voz distinta a la de sus compañeros o a los alasdair intervino. Se trataba de Embar, seguida de Kuel y Onyx. Los tres trolls nunca andaban cerca de sus aliados, no en un lugar donde desconocían a la mayoría.
—Tu visión puede esperar.
—No creo que funcionen así —admitió Finnian.
—La tierra es paciente, pero dura —prosiguió Embar—. Apresurarte no te dará ningún beneficio.
—Tus visiones te dan información que necesitamos saber —le recordó Aer—. Aunque eso no quiere decir que debas irte ahora para darle significado.
—Paso a paso —asintieron Kuel y Onyx al unísono.
—Tú eres el Signo —dijo Theri—. Estás aquí para ayudarnos, pero sí no te cuidas a ti mismo, no serás lo que más necesitamos.
Necesitaba centrarse, descansar. Si bien sabía que no lograría apartarlo de sus pensamientos, no podría arruinar cada momento de su vida porque algo inesperado sucediera. Estaba luchando contra peligros mortales casi cada día, pero aquello era un aviso. Uno que no pasaría por alto, pero que quizás lo vería con otro enfoque más adelante.
Limitándose a asentir, Finnian forzó una sonrisa, consciente que todos y cada uno de ellos le observaban, esperando a su siguiente movimiento. Igual que él les daba fuerzas cuando más lo necesitaban, ellos hacían lo mismo. No iba a ser desconsiderado con la fe y amistad que habían depositado en él, y no empezaría a hacerlo ahora.
—Aunque quizás deberíamos de salir del agua. ¿Sabéis lo frío que me he quedado en un momento? —dijo Finnian, soltando una carcajada mientras se frotaba los brazos.
Tanto como su visión o el futuro que les esperaba. Pero ellos creían en él, y no podía defraudarles, ¿verdad?
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