《[Spanish] La Llave del Destino》Capítulo 13.3 - Engañando a los sentidos, concentrando el corazón
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Una idea vagaba dentro de su cabeza, bailando al ritmo de los sonidos del bosque. La cena de aquel sábado fue igual que las de los demás, aunque no tardaron en disfrutar una nueva delicia que encontraron en el mercado: galletas rellenas de pastas de diversos sabores. Algunos los reconocía, como el chocolate, crema o vainilla, pero había otros más atrevidos que lograban que sus amigos saltaran de la emoción. Mezcla de frutas y bayas, igual que las que comía de manera habitual, junto a otros estilos, según diferentes regiones de Mithra. ¿Pollo y gofres? Interesante, eso seguro. ¿Vainilla con sal marina? Curioso y delicioso, sorprendiéndole incluso a él. ¿Naranja y queso? El último que se animó a probar, antes de que sus sentidos terminaran sobrecargados.
Wanda, la encargada de aquel dulce que tanto estaban disfrutando, les aseguró que no había inconveniente en que se llevaran una cajita para que se la comieran en casa, aunque siempre le entraba cierta culpabilidad cuando le daban cosas y no esperaban nada a cambio.
—Es la manera que tienen de apoyarte. Saben que nuestra tarea no es nada sencilla —añadió Ead.
Sí estuviera en su mundo habría pagado por aquello, pero en Elthea todo era distinto. Los elthean del Galya le ayudaban en lo que pudiera necesitar, pero le aterraba el abusar de su hospitalidad, aunque tampoco es que hubiera una manera para que él ganara dinero. Al margen de las monedas de oro, plata y bronce (sencillo para recordarlo a cualquiera), también se valoraban mucho los metales, minerales y piedras preciosas, por no hablar de otros artículos valiosos. La manera de ganarlos venía de diferentes modos y según cómo se enfocaran sus profesiones, igual que en su mundo. Sin embargo, había allí una ligera diferencia.
—Los estudiantes como nosotros solemos remitirnos a los tablones de anuncios, o al Gremio de Aventureros para buscar trabajos que no alteren la rutina de las clases —dijo Rune.
En los tablones encontraban encargos, pedidos de elthean del Galya en lo que se necesitaba una ayuda en concreto. La dificultad de estos variaba según lo que se pidiera, al igual que las habilidades de quién lo aceptara. Había visto uno en la escuela y varios a lo largo del Galya, tanto en la zona superior como inferior, pero se encontraban hechizados para que apareciera lo mismo. En cambio, el Gremio de Aventureros era un asunto muy distinto.
—Existen sedes en todas las grandes ciudades, y en la mayoría de las pequeñas —le explicó Aer.
Funcionaban de una manera similar a los tablones, aunque solían dirigirse hacia elthean con algo más de experiencia en el exterior. Los pedidos, tan variados como lo que su imaginación pudiera formular, variaba de ayudas en los negocios, la búsqueda de alimentos o especias, e incluso acabar con elthean peligrosos que estuvieran causando problemas considerables. En cada sede había administrativos encargados de que la información sobre las misiones o rumores llegara de una zona u otra. Al fin y al cabo, utilizaban las flechas mensajeras para intercambiar cartas de una zona a otra y estar atento de todas las novedades de este peculiar trabajo.
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—De todos modos, hay que completar encargos y misiones para subir tu rango y hacer otras más complejas —añadió Leith.
—Algo para lo que no tenemos tiempo —dijo Ead.
Y aunque lo intentaran, sus compañeros tenían la certeza que no les permitirían entrar en el gremio. Después de todo, su misión iba más allá de los problemas habituales a los que se enfrentaran en Elthea. Estarían desviándose demasiado de su camino, aunque curiosidad tenía por lo que hubieran podido hacer en otra ocasión.
Tras despedirse de Lizzie y Keahi, se aseó en uno de los baños, agradeciendo contar con agua con la que poder relajarse. Eran comodidades a las que estaba acostumbrado en casa, algo que extrañó mientras viajaban hasta allí, y a lo que tendría que habituarse cuando se marcharan. Entonces, incluso cuando sabía que sus compañeros tenían casi tantas ganas como él para dormir, dejó que la idea fluyera por sus labios.
—¿Por qué quieres probar a usar el vínculo otra vez? —dijo Rune, frunciendo la mirada.
—Hemos estado practicando en los últimos días, y aunque no se repite lo de la primera vez, todavía me queda mucho con lo que avanzar —dijo Finnian.
Podía ver pequeños retazos a través de sus compañeros, pero siempre manteniendo un alto grado de concentración en que no saltara de uno a otro. Tanta información lograba aturdir a cualquiera, y aunque sus clases le habían ayudado a que su magia no se desatara con tanta facilidad, bastaba con que algo le desconcertara para cambiarlo.
—Los terrenos de escalada me han enseñado que el entorno no puede cambiarse, pero sí lo que haga yo con él —dijo Finnian.
Quería regresar allí al día siguiente, eso lo tenía muy claro, pero ahora necesitaba probar aquello para cerciorarse que no volvería a desatarse. Su idea, igual que muchas otras, implicaba un salto de fe. Tapándose los ojos con la bandada que usaba en los entrenamientos, se limitaría a permanecer sentado mientras conectaba con Aer, Rune y Leith.
—Ahora, al oscurecer, existe menos movimiento que de día. Menos información que pueda distraerte —admitió Leith, asintiendo mientras consideraba la propuesta.
—Podemos intentarlo —dijo Aer—, aunque más que conectar con nosotros…
—Lo que buscas es aprender a usar eso en nuestro favor, ¿no? —dijo Rune.
Porque Finnian tenía dos ojos y oídos que le ofrecían información, pero cada elthean contemplaba el mundo de una manera distinta, percibiendo detalles de manera única. Necesitaba saber administrar lo que ellos trasmitían y que la conexión fuera de utilidad. De no ser así, el vínculo que les unía resultaría más una carga que una fortaleza.
—Hay que aprovechar lo que tenemos a nuestra disposición —dijo Finnian.
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—¿Seguro que es buen momento? Quizás descansar te sea de ayuda —le recordó Ead.
Dormir no siempre era la solución, o al menos cuando sabía que podía hacer algo distinto y comprobar cómo avanzaba. Salieron al patio trasero, el mismo que usaban para entrenar y donde nadie podría ser molestado. Sentándose en la zona de meditación, volvió a taparse la vista, consciente que sus compañeros estaban a su alrededor. Barajó la posibilidad de incluso taparse los oídos, pero necesitaba ser consciente de su alrededor mientras ponían en práctica aquello. Y tras inspirar hondo, el vínculo se fortaleció.
La vista de Rune era definida, permitiéndole apreciar el bosque incluso cuando no hubiera luz a su alrededor. La forma de los árboles, las ramas con sus hojas, que en aquel instante eran movidas por el viento. Este, que para él era visible, dejaba un rastro que su amiga era capaz de percibir, igual que una estela de polvos brillantes que acompañaba al aire.
Entonces, en cuanto conectó con Leith, la dragona captaba algo más que sus inmediaciones. El aroma de las casas de allí mientras terminaban cenar, platos que se asemejaban lejanos y difíciles de describir, pero que le trasmitía la calidez del hogar. A su lado, Ead volaba en silencio sin hacer ni un ruido, algo fuera de normal en él. No obstante, mirando a través de Aer, no se le veía como un borrón sino un colibrí que emanaba vida con su mera presencia.
—¿Cómo te sientes? —dijo Aer.
—Se le ve calmado, en control —dijo Leith.
Ninguno habló en voz alta, aunque podía escucharles con igual de claridad. El hormigueo de su cuerpo no le abandonaba, pero aquel instante era distinto a la pelea contra Ailfryd. Tras un rápido gesto, retiró la bandada que le cubría los ojos, para esta vez observar el mundo con los suyos propios.
Con la mirada aún borrosa, su primer instinto fue cerrarlos, consciente que su mente alternaba entre lo que él veía y lo que sus compañeros le trasmitían. Se trataba de una sensación difícil de describir, en especial porque aquel acto mágico requería una energía constante y, por tanto, más presión sobre él y sus compañeros.
—Estamos contigo —le recordó Rune.
Calma. Incluso en un instante donde su pulso aumentaba al igual que sus nervios, los elthean permanecían tranquilos. Su visión volvió a ser la de siempre, aunque tras darle un empujón con su magia, el torno cobró vida. O más bien, su alrededor le mostró lo que siempre estaba allí. Los árboles, la tierra, las casas, todo se mostraba con una mayor nitidez que hasta ahora. La vida que les rodeaba, en tantas formas, no dejaba de sorprenderle por lo sencillas que podían ser, pero lo poderosas que parecían en el amparo de la noche.
Todo aquello no se debía a su magia, sino a la que compartían los cuatro. La conexión, estando en armonía, les permitía observar el mundo de otra manera, una que solo se encontraba disponible a ellos. Tras un resoplido, Finnian dejó que el vínculo desapareciera, permitiéndoles respirar sin el esfuerzo mágico que suponía.
—¿Os encontrais bien? —dijo Finnian, mirándoles a los tres en silencio. Incluso con la fortaleza que poseían, el cansancio les afectaba igual que a él.
—Eso te ibamos a preguntar —admitió Aer con una sonrisa.
Estaban de una pieza, ni siquiera le dolía la cabeza ni le pitaban los oídos, lo que era un gran avance. Sin embargo, y aunque no quería ser negativo, en un entorno tranquilo no sería lo mismo que en una pelea. Ellos lo sabían, y aún así decidieron intentarlo junto a él, conscientes que no debían continuar evitándolo.
—Por eso tenemos que entrenar, ¿no? —señaló Rune, tan tranquila como toda aquella tarde de juegos.
—Siempre hay espacio para aprender —dijo Finnian, pronunciando una ligera sonrisa.
—Nada de excesos, ¿entendido? —intervino Ead—. Ya habéis tenido una tarde muy activa. Descansar es igual de necesario que entrenar sí queréis fortaleceros.
Lo que venía siendo un sinónimo de que el día debía de llegar a su fin. El frionach hacía algo mas que ser su guía o apuntar los detalles importantes. Que no tuviera un vínculo así con él no implicara que no fueran compañeros, aunque unos distintos. Después de todo, si veía de un grupo de grandes mentores, solo estaba haciendo su trabajo.
—Por cierto, Ead —comenzó a decir Finnian, una vez que regresaron al interior—. Ahora que he podido verte mejor, ¡eres mucho más imponente que antes!
—¿En serio? —respondió el colibrí, desprendiendo tonos claros por la emoción.
—No te pases —intervino Rune, soltando un chasquido—. ¿Qué harías si te intentaran atacar?
—Seguro que te sorprendería. ¡Es un frionach! ¿Qué te esperas? ¿Leche y galletas por que sea pequeño? —exclamó Finnian.
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