《[Spanish] La Llave del Destino》Capítulo 12.1 - Fuego rápido
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Cualquier perspectiva de levantarse tarde en verano había desaparecido desde el instante en el que puso los pies allí. No solo estaba de pie cuando el sol salía, sino que aprovechaba al máximo la luz del sol, en parte porque sus clases intensivas no podían esperar mucho más, pero también porque la noche era el único descanso que tenía.
Antes de desayunar ya estaba practicando con Lunaluz, lo que era bueno y malo a partes iguales. La meditación inicial, aunque fuera para ayudar a que se centrara, le daba unas ganas de dormir tan malas como cuando iba a clase. Y no es que en esta ocasión le aburriera la materia, ni mucho menos, pero hasta él necesitaba cierto margen de maniobra para despertarse mejor.
—Siempre puedo lanzarte una jarra de agua helada la próxima vez —sugirió Lunaluz, pronunciando una ligera y nada amigable sonrisa.
Después de su práctica mágica, preparar el desayuno junto a sus compañeros fue a un ritmo mayor, y en parte se debía a que no permanecerían allí metidos mucho más tiempo. Tras recoger los platos, se acercaron a una de las escuelas que estaba a poca distancia del Área Central. Aunque no era a la que pertenecían Aer y Rune, no eran desconocidos para los alumnos o profesores de allí. Meir y Katsumi fueron los primeros en acercarse, tan animados como el día anterior, aunque algo le decía que también por presumir ante el resto de sus compañeros.
—No me haréis sentarme en un pupitre, ¿verdad? —murmuró Finnian, forzando una sonrisa.
—En absoluto. Hoy toca hacer algo más divertido —dijo Aer.
—Aunque igual no mucho para ti —dijo Rune, soltando una malévola carcajada.
En lugar de ir al interior de la escuela, permanecieron en el patio, cerca de donde estaban los dormitorios. Al contrario que los elthean que nacían dentro de una familia, aquellos que surgían de uno de los huevos del Gran Árbol tenían asignadas residencias según la escuela en la que estudiaran, salvo que alguna familia les recibiera con los brazos abiertos. Podría ser comparable en su mundo a los que asistían a un internado. No obstante, y tal como le aseguraron Aer y Rune, no es que estuvieran desatendidos.
—Los profesores siempre están ahí, por no hablar de cualquiera que viva en el Galya —asintió Rune.
—Que no tengamos “padres” no implica que estemos solos —dijo Aer.
Eran distintos tipos de familia, y en la variedad radicaba la belleza.
—Llevamos un par de días aquí y ni siquiera os habéis separado de mi lado —dijo Finnian, mordiéndose el labio—. ¿No tendríais que ir a la escuela?
—En teoría, sí, pero… —comenzó a murmurar Rune.
—Algunas elthean se toman un tiempo para viajar y aprender por su cuenta —intervino Ead.
El peregrinaje. Su compañero frionach habló de ello cuando se conocieron, por lo que tenía todo bastante más sentido ahora, además de las peculiaridades de Elthea. Existían ocasiones donde uno podía saltarse la escuela si estaba bien preparado, tomándose un tiempo para viajar y aprender cosas que no se encontraban en los libros. Por regla general, Rune estaba más cerca de algo así que ninguno de los presentes, aunque cualquier posibilidad desapareció en cuanto él entró en escena.
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—Ser el compañero de un Signo implica cambios —admitió ella con un alzamiento de hombros.
—Me encantaría ver dónde vivíais, o conocer a vuestros amigos —sonrió Finnian—. Nunca es malo volver al hogar.
Aunque no les presionaría. Después de todo, ¿cuánto le habían ofrecido sin que él lo pidiera? Sí existiera algo que prefirieran no compartir, no sería él quien les presionara.
En el patio, al margen de un campo donde podían entrenarse y hacer ejercicio físico, contaban con otros especializados, a cada cual más distinto. El campo del deporte llamado como “Fuego rápido” era, en un principio, de arena. Sin embargo, en cuanto Ailfryd (uno de los profesores) dio su toque mágico, un gran número de postes de madera surgieron de este.
—Es el espacio más grande que contamos para hacer algo así, y evitamos que cualquier jugador pueda lastimarse demasiado si se realiza en la zona superior —dijo Ailfryd, señalando hacia la ciudad sobre ellos.
El objetivo del juego era meter por un gran aro un pequeño disco blanco, sencillo de ver a cualquier distancia, o eso fue lo que pensó Finnian. Se le asemejaba a varios deportes de su mundo, aunque no pudieran compararse con lo que hacían en él. De esta manera, observando a elthean más jóvenes como Meir y Katsumi, se organizaron en equipos para proteger ambos campos.
Solo se podía agarrar el disco al realizar un saque, y todos debían de ser iniciados por un acto mágico de corta sucesión. También se podía atacar a los contrincantes de la misma manera, buscando que perdieran el equilibrio para impedir que continuaran en el campo y así tener más posibilidades de marcar un punto en la zona rival. Los partidos duraban quince minutos como mucho, variando según el número de jugadores que permanecieran en pie, haciendo hasta tres descansos para que volvieran a la partida.
—La mayoría de participantes suelen ser elthean de tamaño reducido —explicó Ailfryd—, pues no todos cuentan con el equilibrio necesario para permanecer sobre los postes.
—O moverse entre ellos —añadió Aer.
Aunque existían excepciones, claro, pero Fuego Rápido era un deporte donde la agilidad era fundamental si se quería ganar, aunque no era lo único que practicaran. Los elthean, de un tamaño similar a Meir y Katsumi, saltaban de un poste a otro, evitando la magia de sus contrincantes, mientras se pasaban el disco con bastante habilidad para alguien tan joven. Su mente conectó aquellos pases como el hockey de mesa, aunque una versión más realista donde caerte te podría hasta doler.
—¿Y se supone que voy a hacer eso también? —dijo Finnian, señalando al campo con el dedo—. Si buscabais un espectáculo para la mañana, entonces lo habéis encontrado.
—Oh, venga. Seguro que te lo pasarás bien —dijo Rune, y por su tono de voz, estaba más entusiasmada por participar que por burlarse de él.
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—En mi clan también se jugaba. No es tan difícil después de que te caigas un par de veces —le aseguró Leith.
—Pero vosotras podéis volar —señaló Finnian.
—Podrás hacerlo —dijo Aer—. Esto no es nada como en la Tierra, créeme.
Porque, incluso tras todas las preguntas que le hicieron sobre su mundo, interesados por la vida que pudiera encontrar allí, tenían fe en que podría superar sus barreras. ¿De verdad iba a darse la vuelta? Tras ceder, un grito de júbilo por parte de los más pequeños llegó sus oídos, convirtiéndose en algo más que un nuevo alumno temporal para aquel colegio.
—Elthean pequeños, otros más grandes —susurró Ailfryd, mirándoles a todos—. El tamaño de fuera es lo de menos, lo que importa es aquello que tengamos en el interior
—Recuerda lo que has practicado con Lunaluz —dijo Ead.
Respirar, calmarse y escuchar su corazón. Si aquel deporte necesitaba de magia para participar, tendría que empezar de alguna manera, ¿no? Tras subirse a los postes junto al resto de su equipo, le dieron la oportunidad de empezar. A poca distancia, Aer alzó uno de sus brazos, igual que cuando creaba una esfera de energía, para después dar un giro, igual que en una pelea. La mecánica no iba a ser muy diferente, aunque estuvo a punto de dar un traspié al perder el equilibrio, lo que le hubiera eliminado antes de empezar.
—Tranquilízate —exclamó Leith, a poca distancia de él—. No estamos haciendo esto para ganar, ¿de acuerdo?
Era una práctica, solo eso. Sin expectativas, sin padres ansiando que lograra algo que nunca conseguiría, sino un juego donde pondría a prueba el control de sus capacidades. Inspirando hondo, logró elevar el disco con su magia, para lanzarlo segundos después con más fuerza de la que habría querido darle. Este recorrió el campo como un rayo, logrando acelerar su pulso, justo cuando Rune, en el equipo contrario, realizó un giro en el aire para repelerlo con su magia, haciendo que saliera del alcance de cualquiera.
—Eso ha sido… —balbuceó Finnian.
—Bastante fuerte, no está mal —exclamó Aer, no muy lejos de él.
—Recuerda lo que hablamos de mantener una llama —añadió Leith.
No era un juego donde importara la potencia, sino la rapidez, precisión y control. Quizás no fuera bueno en ninguna de ellas, pero para algo estaban practicando. En cuanto el equipo contrario procedió al saque, el disco volvió a moverse con velocidad, conectando los pases de los elthean mientras los suyos trataban de recuperarlo. Finnian observó el campo, captando cómo daban pequeños movimientos para posicionarse encima de los postes, viendo que no solo se debía por el equilibrio.
Entonces, a poca distancia suya, uno de sus contrincantes quiso tirarle de su posición. Se trataba de uno con apariencia de geco bípedo de escamas verdes, quien “expulsó” desde su boca lo que parecían semillas mágicas. Aer surgió de la nada, creando una cortina de aire para protegerle, saltando entre los postes frente a él.
—Mantente en movimiento —exclamó su compañero.
—Permanecer en un sitio te vuelve previsible —dijo Leith.
Aquello no era un simple juego, aunque lo trataran como tal. Se asemejaba a una pelea, algo que podía suceder en cualquier momento fuera de la dorean. Había vivido varias para reconocer esa sensación, e incluso sin estar en peligro, apreciando sus similitudes.
El disco pasó ante sus ojos con habilidad, directo hacia la portería que Meir estaba custodiando. El osito, si bien se movía menos que cualquiera debido a su posición de defensor, no tardó en lanzar un rugido para detener en seco el proyectil. El elthean, entonces, aguardó poco para contraatacar, creando una versión fantasmal de su zarpa para enviársela justo a él.
—Así que eso también se puede hacer, ¿eh? —murmuró Finnian.
Existían límites, y la imaginación era uno de ellos. En lugar de imitarle, su primer instinto fue evitar el disco, un acto reflejo de huir de los balonazos en el patio del colegio. Entonces, trazó un arco con sus brazos, generando una brisa para redirigirlo hacia la más cercana, que era Leith. La dragona, al no poder volar, dio un salto de un poste a otro, haciendo que su cola brillara, de una manera similar a Meir, para conectar el pase. Este iba directo más allá de donde se encontraban sus jugadores, algo que Aer vio venir por la manera que tuvo de moverse.
Avanzando con rapidez y decisión, esquivó los ataques de sus contrincantes hasta que el disco llegó a su alcance. Dio un salto, lo envolvió en una de sus esferas y tras un regate en el aire, disparó hacia el lugar que Rune ocupaba. La fuerza combinada de su movimiento bastó para que entrara en la portería, logrando que sonriera como hacía cada vez más a menudo en Elthea.
—Al final te has sabido desenvolver —exclamó Leith, volando a su lado, tan contenta como los presentes.
—¿Qué te ha parecido? —le preguntó Aer, con la mirada iluminada.
Una experiencia que no le importaría repetir. Al fin y al cabo, ¿qué tenía de malo?
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