《[Spanish] La Llave del Destino》Capítulo 10.2 - La ayuda que necesitaban
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Más que desayunar fue comer lo que hicieron en cuanto entraron en la casita de Ailfryd. Era espaciosa incluso para alguien de su tamaño, abundando allí libros más que cualquier otra cosa. Estanterías de pared donde el Guardián los tenía, todos de diferentes colores y grosores. Le quemaban los dedos por coger alguno, pero los llevó hasta comedor igual de sencillo que el resto de su hogar.
La comida según Ailfryd fue modesta, aunque a los ojos de Finnian era más bien lo contrario. Junto a las habituales bayas que ya habían degustado los últimos días encontraron lo que a simple vista le pareció una ensalada con queso, tomate y otras cosas que Finnian desconocía lo que eran, pero que le resultó deliciosa. También había panecillos rellenos de bayas o carne, muslitos con salsa dorada y un agua tan refrescante que perdió la cuenta de los vasos que se había tomado.
—Estás… —comenzó a decir Leith mientras le observaba.
—Comiendo más que nunca —dijo Rune, frunciendo las cejas.
—Estoy famélico —admitió Finnian, encogiéndose de hombros.
—Tenéis que alimentaros bien. ¿De dónde creéis que sacáis tantas energías para luchar? —dijo Ailfryd con una sonrisa en los labios.
De él, claro, aunque ese no fuera el tema a tratar por el momento. Ailfryd estaba enterado de todos los cambios en Elthea, desde la presencia de Ariel a la del Erosionador. Hasta intuyó que la desaparición tan repentina de Aer y Rune era por una fuerza mayor, lo que los llevó a su encuentro de la noche anterior.
La teoría de Ead sobre el por qué no les reconoció era cierta, pero sucedió al revés también. Al parecer, poco después de la “marcha” de Aer y Rune, el propio Ailfryd evolucionó, haciendo que ambas partes no supieran quienes eran por su nuevo aspecto. Eso sin tener en cuenta la diferencia de fuerza que había entre los cuatro.
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—Si un Guardián ha alcanzado el nivel Maestro ahora no es una coincidencia —concedió Ead.
—Aún estoy acostumbrándome a esta forma —admitió Ailfryd.
—Eso no lo parecía anoche —dijo Finnian.
—Ataca primero y pregunta después —dijo Ailfryd, ladeando la cabeza—. Mejor pedir perdón que permiso, ahora más que nunca.
—¿Os han atacado aquí? —dijo Aer, recibiendo una rápida negativa.
Aunque sí recibió informes de otras regiones con problemas similares a lo que estaba sucediendo en Hawell. Debido a eso, las barreras de alrededor fueron fortificadas, entre otras cosas.
Así aprendió que el Árbol Galya no era solo una Dorean donde huevos de elthean surgían, sino que también contaba con una ciudad en el que muchos vivían. Estaban en su nucleo, cerca del gran árbol bastante cerca de donde se encargaban de los huevos. En el Área Intermedia era donde se encontraban las residencias, pensiones y todo tipo de negocios, mientras que en el Área Exterior se centraban en la sostenibilidad, con granjas y productos que conseguían del terreno.
Sin embargo, las copas de aquel bosque también eeran aprovechadas para algo más que patrullar fuera de su perimetro, aunque más tarde lo vería con sus propios ojos.
—De todos modos —comenzó a decir Ailfryd, mirándole con sus ojos púrpuras— hay más de una anomalía aquí dentro.
—Antes dijiste que no era como los Signos anteriores. ¿Has conocido a alguno?
—No en persona, pero mi predecesor si —dijo Ailfryd.
Lejos de explicarle lo que hicieron los Signos anteriores, este comentó algo que ya sabían. Cada cierto tiempo el equilibrio de Elthea se descompensaba, sucediendo desde hacía tanto que era tan normal como el día y la noche. Sin embargo, su historia siempre era así. Tenían momentos de paz donde los problemas que surgían podían resolverlos ellos. Sin embargo, cuando el Señor de la Calamidad aparecía para conquistarlo todo, el juego cambiaba de manera drástica.
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—Calamidad es siempre distinto, igual que sus poderes o métodos, pero termina buscando lo mismo —dijo Ead, ayudando en aquella clase improvisada.
—Aunque ahora hay otro elemento a tener en cuenta —intervino Finnian—. Ariel buscaba al Erosionador.
—Si está cazándolo… Sea quien sea quien gane, no conviene a ninguno.
Esas fueron las últimas palabras que masculló Ailfryd, permaneciendo en silencio después de ello. La reacción de Ariel de ignorarles dejó al Guardián tan extrañado como si lo hubiera vivido en su propia piel. La suerte existía, pero no iban a depender solo de ella.
—En cualquier caso, tienes otras prioridades en este momento —dijo Ailfryd—. Tu capacidad nos intriga. Anoche conseguiste que las tres evolucionaran. Es la primera vez que sucede según me han dicho.
Todo ocurría cuando estaban en el peor apuro posible, lo que era una costumbre por allí. Al principio fue sin pretenderlo, pero anoche cambió su forma de ver este poder.
—Quería luchar con ellos —dijo Finnian, mirando a Aer en esta ocasión y después a las demás—, aunque no pueda hacer lo mismo, pero no me quedaré atrás.
—Quizás que por eso no entiendas cómo funcionaba —murmuró Aer— o que ayer surtiera efecto tan rápido.
—Hay algo más. Podía “ver” por vuestros ojos —dijo Ead.
—Hasta te escuchamos en nuestras cabezas —añadió Rune.
—El vínculo entre Signos y compañeros —dijo Ailfryd—. Vuestros lazos os conectaron, tus ganas de ayudarles te hicieron unirte a ellos a otro nivel.
—Y te sobrecargó en el proceso —terminó Ead.
¿Cómo se suponía que debía de derrotar a Ariel y a quien fuera si perdía el sentido en cuanto la intensidad aumentaba? ¿O cómo aprendería a manejar sus poderes si ni los Signos anteriores habían dejado un manual de instrucciones, aunque fuera de lo básico? Ailfryd le sonrió, puede que intuyendo sus pensamientos. Si estaba a cargo de cuidar y educar a tantos elthean debía de estar acostumbrado a encargarse de los más pequeños.
—¿Y las visiones? He tenido algunas, aunque hasta ahora no pensé que fueran nada más que sueños —admitió Finnian.
—Suelen ser avisos de lo que puede suceder —dijo Ailfryd—. Son detalles de algo que no ha sido decidido, por eso es de vital importancia que les prestes atención, aunque no estén escritos en piedra. Es parte de tu misión.
—Una que se complica por momentos —murmuró Finnian, soltando un resoplido—. ¿No hay algún libro donde ponga lo que hicieron los Signos anteriores a mí? Eso sí que sería de mucha ayuda.
—Hay algunos que merece la pena, pero ninguno que pueda solucionarlo todo, Finnian. Lo averiguarás con el tiempo. No estás solo —dijo Ailfryd.
Tan sencillo como aquello, el resto de elthean asintieron llenos de confianza. Estaban en el Galya, habían logrado su primer objetivo. ¿Qué no podrían solucionar? Aunque de ahora en adelante todo fuera mil veces más complicado (y eso es lo que más temía). ¿Y si no daba la talla como Signo?
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